Frontex, al límite de su caudal
Increíble, se constituyen organismos con la aparente idea de gestionar problemas de índole internacional y por el contrario, se disponen apenas doscientos cincuenta millones de euros para que estos sean considerados aptos. Este es el caso de Frontex, una fuerza común para reforzar fronteras, para proteger a los estados miembros y sobre todo, a aquellos más vulnerables a verse desbordados por la migración continua de países con serios problemas bélicos, mandatarios dictadores y pobreza extraordinaria; seres humanos que prefieren correr el riesgo de perder la vida que el de seguir sobreviviendo por segundos de un bombardeo, un ataque de los suyos O una enfermedad causada por la hambruna, eligiendo sortear olas desorbitadas, frio Y A la mafia de las bandas que les desproveen del poco dinero que recogen de las familias sin conciencia alguna en que les están dirigiendo a una más que presumible muerte en el mar; lanzando plegarías para qué, algún día, reconozcan la voz al otro lado del teléfono entre risas y sollozos de alegría. Algo que en muchos casos no suele ocurrir por el elevado número de ellos y ellas que se quedan en las profundidades de las aguas.
España, puerta de África, con el Mediterráneo bañando buena parte de su península se convierte en un destino preferido por muchas embarcaciones primitivas, repletas de seres humanos que intentan buscar un sentido a sus vidas y salvar a sus familias de una muerte segura, se ve ahora más desprotegida aún de lo que estaba antes, recortado el presupuesto de Frontex a pesar de que la masificación en los centros de internamiento de extranjeros, CERMI, está ya asegurada.
Pero no todo es pobreza en el paraíso que sueñan los migrantes, no se escatima en las grandes citas de personajes de la alta alcurnia económica, sin tomar en consideración lo que gaste el presidente estadounidense porque ya sabemos lo que piensa sobre la inmigración o los países africanos; sueldos indignos a la vista de las circunstancias que carecen de conciencia social, humana y ética se confunden con la desabastecida organización con los recursos menguados.




























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