No dejemos que la salud se convierta en un negocio

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaNo debemos obviar que el colectivo de enfermería de nuestro país es el mejor cualificado del mundo, es por tanto sus excelsos conocimientos los que aspiran llevarse a sus diferentes servicios sanitarios las muchas naciones que apuestan por una enfermera/o española a un médico de urgencia en más de un país de los llamados desarrollados. La interacción profesional y compromiso con el paciente es causa de mejora por parte de quienes sufren alguna enfermedad que les impide llevar una vida normal, la disposición en la atención primaria, familiar o laboral es por tanto motivo de argumentación básica para influir determinadamente en esa posición del escalafón de nuestros enfermeros y enfermeras; además de contribuir de forma decisiva en el beneficio social que engloba la más que notable mejora del paciente y en su caso, la rápida integración a su puesto de trabajo, con la consabida aportación al mantenimiento del sistema sanitario.

No puedo imaginarme el sistema sanitario español sin el esfuerzo de sus profesionales; el incalculable valor de sus conocimientos y su alta calificación mantienen la endeble estructura administrativa en pie. Las consultas atestadas sin el trabajo conciliador, la empatía y el servicio de las enfermeras y enfermeros sería un verdadero caos en los centros primarios y hospitalarios de nuestro país.

El aumento de edad en la supervivencia y los bajos índices de natalidad confirman la necesidad incipiente de que el colectivo de enfermería se sustente con un tratamiento proporcional a su indudable importancia dentro del sistema sanitario. La Administración debería de tomar cartas en el asunto y atender las demandas de estos profesionales como ellos mismos requieran pues, al fin y al cabo, son los verdaderos conocedores de las herramientas más útiles y de las más necesarias a las nuevas enfermedades; catalogadas mediante las nuevas tecnologías que puestas al servicio del sistema sanitario, abarataría costes en su mantenimiento y reportaría sueldos dignos a los profesionales, tratamientos, capacidades de atención diaria u hospitalaria, atención familiar en domicilio, colectivos vulnerables o excluidos socialmente y otros muchos aspectos sociales a los que por ahora, la administración ni siquiera presta una mínima atención para ser subsanados dentro de la medida de las posibilidades de un país en constante progreso.

La sociedad española demanda la subsistencia de una sanidad fuerte, producto de años de liderazgo mundial que ha valido para ser envidiada en el mundo y que ahora, por motivos que no son suficientes, se está dejando derrumbar ante la llegada de inversores privados, de grupos de capital extranjero con las pretensiones de quedarse con el valioso botín de la sanidad en España.

Ya lo denunciaron desde el primer momento muchos profesionales médicos, enfermeros y sanitarios de los diferentes colectivos; apuntaron la caída de la calidad producto del interés de algunas comunidades por servir en bandeja estos servicios al mejor postor. Este interés atrajo el desbarajuste administrativo y un obstinado deseo por recapitalizar todo aquello que suene a colectivo social mediante capital privado. Es decir, vender la salud al mejor subastador de servicios y poner la vida de los ciudadanos en manos de un apunte contable que siempre debe de dar positivo en sus balances.


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