La esquina del viento se dulcifica en los días luminosos, donde las sombras que la iglesia proyecta tropiezan en las viejas fachadas, como si las invadiera. Pero como todo el mundo, o casi, contempla el neogótico religioso, las sombras se diluyen en un misterio difícil de explicar. Es el viejo templo el que intenta atrapar a sus vecinos ofreciéndoles un rincón de sombra. Porque lo que él quiere es la mirada de los que por allí pasan. No siempre lo consigue.































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