La espontaneidad resurge de unas gradas abandonadas
Somos tan poco espontáneos que quedamos como ignorantes cuando las cosas de nuestra vida en lugar de establecer parámetros propios, les damos la ventaja autoritaria a algún personaje de poca monta con la idea de que esté sea el que maneje los hilos del devenir diario. Somos tan poco inteligentes, tan dados a la racionalidad en dimensiones imperceptibles y acostumbrados al conformismo más ventajoso que damos por bueno el destino que nos ha tocado vivir sin hacer nada por prosperar o incentivar métodos nuevos.
Somos en definitiva, miembros de una sociedad consumista, agarrada a la desconsiderada bondad de las redes y con la mirada turbia atenta tan sólo a alguna rebaja del sistema de mercado, al festejo de un aniversario creado por el capitalismo absoluto de algunas sociedades visceralmente atrapadas en sus propios errores interpretativos de lo que el estado de bienestar significa y a demandar ingresos con los que atrapar bultos de desconsideración con los más nece sitados.
La sociedad se argumenta de diferentes formas según el proceder de esta; es decir, los individuos nos volvemos a menudo marionetas en las manos de unas normas establecidas por otros individuos más capaces por nuestra falta de identidad, de regular normas a conveniencia; como animales de costumbres más que seres instintivos, somos incapaces de mantener alejado todo aquello que amenace nuestra supervivencia vital de una manera prolongada, sin aspavientos infectados de una espontaneidad errónea rayana en la violencia.
Como carismáticos habitantes de un planeta que ya huele a podrido ante nuestra falta de cuidados, oscilamos vehementemente en contra o a favor de lo que las instituciones nos marcan; solícitos a los argumentos del individuo que lleva la palabra, esté nos envuelve de sintaxis fanática, en la mayoría de las ocasiones venidas de exabruptos a los que oponen a la implementación de sus argumentos, contrarios a subordinarse a todo lo que pretenda consignar como verdadero o trascendente en el análisis formal de su dogma.
Se ha conferido a las redes sociales una fortaleza peligrosa, paralela a las nuevas tecnologías prometen hacernos la vida más fácil atendiendo nuestras necesidades y por el contrario, se escudan en el progreso para analizar nuestro comportamiento a partir de nuestra predilección por la compra de un pan diferente. Estas redes sociales que nos han atrapado sin remisión prevalecen sobre el cometido real de la información veraz, prometen infecciones verbales por carecer de sentimientos y nos analizan constantemente sin oponer resistencia por nuestra parte a tales tramas sucedidas delante de nuestras propias narices.
Tal y como algunos sociólogos nos indican en sus reflexiones, me inclinaría por una definición curiosa del italiano Francesco Alberoni con la frase “cuando surge la contabilidad (de yo doy más y tú menos) es que el enamoramiento está a punto de acabar”. Esta frase bien podría ejercer como protagonista del lodazal en el que se ha convertido el ideal separatista de los independentistas de bien, en relación con los individuos que manejaban los hilos de la desconexión (DUI) y que tras la desbandada de los consellers a Bélgica con el fanático de la verborrea como el Sr. Puigdemont se han visto postrados en un escepticismo sintomático de abandono; en definitiva, los independentistas que creyeron en las palabras de su líder han dado toda la credibilidad que tenían en favor de quién se ha demostrado, no ha servido para recibirla tal y como merecían. Se acabó el amor fraternal que una sociedad ahora incierta, ha sufrido dándole a quién no correspondía los hilos de la fortaleza social, económica, cultural, sanitaria o europeísta entre otras muchas a un fabricante de mentiras y usurpador de menciones.
Pero como todo proceso de valoración debe de ser chequeado, no dejará toda esta situación de traernos nuevas conclusiones espontaneas. Ahora, cuando la profesión en política está por encima de cualquier creencia optativa de confundirse con lo de amor a la ideología y atiende a una demanda de valores personales atrayente, es cuando vemos que siguen confluyendo variaciones en la justicia capaces de vulnerar la emotividad del más pintado. Si un presidente es cesado de su puesto es al mismo tiempo cerrada su cuenta de ingresos por tal función pero, sí este a su vez conscientemente, es de derecho integrante de las instituciones mediante otra labor diferente, como pudiese ser el de parlamentario, cobrará su sueldo como tal independientemente de la relación ilegal que alguna de ellas conlleve.
Yo sigo con mi frase preferida de la cual fui autor privilegiado “la constancia es la dimensión más grande del ser humano”, posiblemente sea este el ideal más favorecedor para seguir con el optimismo puesto en un futuro a medio plazo que nos haga unir de nuevo las fuerzas de unas sociedades ahora divididas por motivos de trascendencia personal.
Arraigado en las modas de la escritura, ambientado en los modos de interacción que ahora resultan primitivos y bondadoso con la palabra que me ha sido regalada, admito que las redes sociales son instrumento de atención diario, que la música resulta igual de atractiva en el Iphone que en el cassette o que un mensaje a tiempo puede llegar a ser conveniente para no caer en la impuntualidad. En fin, que todo vale en según qué dimensión pero que en nada vale querer ser político cuando apenas eres una mediocre pantomima improductiva socialmente. Sera por eso por lo que prefiero dedicarme a la reflexión espontánea mesurada a riesgo de caer en la no deseada pretensión de creerme en la verdad; al menos tengo el poder de la empatía para enfrentarme con argumentos diferentes en una interacción con personas de un entorno parecido que no mienten cuando hablan





























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