Creando empleos
Se acercan las fiestas navideñas, detrás queda el sonoro viernes negro. En ambos casos, si las cosas no se truncan, se origina un incremento en el consumo. Al mirar las cifras de empleo en los medios, nos alientan con el número de estos que se generaron en lo que al singular viernes se refiere. En la campaña navideña, que anda ya en sus inicios, nos prometen también un elevado número. Una responsable, en materia de empleo, del Gobierno Autonómico de Canarias, mostraba su optimismo sobre las previsiones en dicho asunto. No dudo que, para quienes necesitan de un trabajo, la idea de conseguirlo debe ser muy halagüeña.
Cuando a la creación de empleo nos referimos, tal y como soplan los vientos de la economía, habrá que preguntarse de qué tipo hablamos. Actualmente, al mencionar la creación de empleo, cualquiera de ellos genera optimismo. Se consideran aquellos que duran un par de horas, los que aun durando un poco más, tampoco son motivo para echar las campanas al vuelo, los que a pesar de ser a tiempo parcial, se desarrollan como si se tratase de uno a tiempo completo. Todos parecen merecer la misma consideración. Permiten, mes tras mes, que las cifras publicitadas por los distintos gobiernos, sea cuál sea su ámbito, originen un denodado optimismo. Seguramente, como no tienen ni idea qué supone desconocer en qué van a trabajar al día siguiente, no le dan trascendencia a los distintos trabajos (por no llamarlos de otro modo) que se van ofertando por ahí.
La representante del Gobierno Autonómico, entre otras lindezas, se refirió al empleo durante la campaña de navidad como adecuado para quienes están estudiando. Se expresaba, como solo esta gente sabe hacerlo, rebosando optimismo. Según ella, a quienes se les ofrece un trabajo por estas fechas, se sienten agradecidos por ser un modo de lograr ingresos, en las siempre depauperadas economías familiares. No nos dice, quizá no le interese, que a ese alumnado se le saca del aula, que estará fuera algo más de un mes. Que durante estas fechas, en las que se siente premiado por ese trabajo, quien pasa más horas de las que le abonan no podrá dedicar tiempo a su formación. Dicho de otro modo, en un momento del curso en que van incorporándose al ritmo de estudios, están fomentando que se alejen de las aulas y, por ende, pierdan el ritmo logrado. No hemos de olvidar que, por mor de la crisis, a los centros formativos se reincorporan quienes, ya los abandonaron en su momento por incorporarse al mundo laboral. Ahora, tras la crisis, se han visto obligados a regresar a la senda del estudio.
No está mal que la gente logre unos ingresos, a nadie le amarga un dulce; no obstante, el puesto de trabajo ofertado es precario y, con fecha de caducidad. Reincorporarse al ritmo y las exigencias del puesto escolar, le volverá a presentar las dificultades que ya estaba comenzando a salvar. En resumidas cuentas, que quien no se consuela porque no quiere.




























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