“Esa barandilla era la azotea de mi amigo Pepe. Vivía en el mismo centro del pueblo y, cuando a ella me asomaba, la realidad parecía distinta y creía adivinar los pensamientos y las ilusiones de mis vecinos. Como vivía en una casa de tejado a dos aguas, nunca supe el valor de alongarse y mirar desde lo alto. Por eso cuando mi amigo Pepe me invitaba a su casa, la azotea era para nosotros como un campo de fútbol de juegos inagotables. Las tardes se nos echaban encima hasta que su madre me despachaba para mi casa: “venga, Carmelillo, que seguro tu madre andará preocupada”.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.22