“Cuando la Banda entraba en el pueblo por la Carretera del Cementerio, los chiquillos hacía rato que la esperábamos. Los papahuevos y los cabezudos, inertes en la vieja comisaría de la policía municipal. Pero la banda no llegó aquel año. Solo lo hizo Pepe Cañadulce. A nosotros, la verdad sea dicha, nos daba lo mismo. Ansiábamos corretear por las calles animadas por la festividad del Santo Patrono y al son seco y vibrante de la caja de Pepe Cañadulce. En aquellos años, los niños de entonces nos conformábamos con poco.”































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