José Luis Marrero Cabrera
¡Qué difícil es hablar de los amigos!
Hoy estamos aquí para hablar de un amigo, de un artista y de una persona comprometida con el Arte, con la Naturaleza y acaso también con la Estética y, sobre todo, con la sensatez. De todos es conocido que el amigo Pepe Luis tiene una gran capacidad de convocatoria: cada vez que ha expuesto ha llenado las salas. Y, hoy, los siempre convocados, que somos todos nosotros, hemos querido sorprenderlo. Otra cosa es que lo hayamos conseguido.
José Luis es un escultor de reconocido prestigio: no es un escultor local. Su obra, dilatada en el tiempo y en numerosos espacios, lo demuestra. Sus esculturas, acaso surrealistas, algunas, y realistas, otras, se disponen de manera inteligente: trata al que la contempla con respeto: él propone unas formas y el público debe aportar su interpretación, y debe mirar con cabeza, criterio y sentimiento. Porque José Luis es un poeta de la escultura. Cuando habla se pone muy nervioso y lo que quiere expresar se le queda dentro. Eso ocurre porque su medio de expresión son los volúmenes, sus propuestas escultóricas libres, siempre libres. Es José Luis una persona entrañable. Los que lo conocemos desde hace tiempo, sabemos de su sinceridad manifiesta y de su honestidad permanente. Pero les quisiera hablar, al menos brevemente, de un tiempo que llevamos dentro. Siempre en sus talleres, repartidos por el casco histórico en distintos tiempos, las puertas han estado abiertas: por él han pasado otros artistas y, sobre todo, sus amigos en instantes diferentes. En ellos hemos jugado al parchís y hemos organizado improvisados tenderetes donde las jareas y las ensaladas en palanganas aún desprenden el aroma de aquellos encuentros. Y resuenan en mi interior las risas y las anécdotas de entonces. Y en todas ellas estaba Pepe Luis. Hace años, cuando tuve que plasmar en el papel las palabras y expresiones del escultor, relativos a su tesina-estudio sobre la Historia de los Labrantes de Arucas, recuerdo que me costó muchísimo: porque entraba en un mundo extraño para mí donde las palabras eran totalmente nuevas, y porque el escultor daba por sabido lo que yo desconocía. Ya dije antes que Pepe Luis se expresa con el barro, con la piedra, con el bronce. Y en su cabeza, llena y repleta de ideas y sentimientos, se aturullan las palabras. Pero supimos llegar al final. Y aquel estudio se convirtió después en un libro muy didáctico, otro grano de arena en la historia local. Vivimos tiempos raros, para unos, y nuevos, para otros. Siempre ha sido así. Y si miramos para atrás es solo para coger impulso. Pepe Luis es de ahora, el que comparte este momento con nosotros y si le preguntan responderá que está preparando una nueva exposición. Porque una cosa resulta clara: los artistas eligen sus momentos.
Mira, José Luis Marrero Cabrera: a los que aquí estamos hoy, y los que no han podido venir, que también, no nos ha costado ningún esfuerzo. Por eso esta gratitud del Foro Arucas Siglo XXI es más que un gesto: es el saludo cordial de gente que te admira y respeta. Tu familia, toda tu familia, se encuentra hoy aquí. Y tus amigos y compañeros. Y ahora te vamos a regalar otro gesto cotidiano que debe resonar en tu memoria siempre. Sencillamente porque eres nuestro amigo. Un cálido aplauso, por favor.




























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