Una vez más los ciudadanos galdenses comprueban que sus mandamases municipales, tan preparados y comprometidos, planifican obras sin la mínima garantía de poder ejecutarlas. Es lo que ha pasado con la obra de los contenedores de la calle Drago, en la que no se molestaron de comprobar si la existencia de tuberías de aguas, tan habituales en el subsuelo galdense, podría afectar a la obra. Es de imaginar que a la empresa adjudicataria se la tendrá que indemnizar, por lo que otra vez, el dinero público se va por el sumidero.




























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