Llegó la noche y la cumbre ardía
El incendio devoró algo que está más allá de la cámara del turista, algo que es sólo un punto lejano en la postal que tenemos de nuestra cumbre Gran Canaria.
El incendio desnudó el verdadero rostro de la cumbre, ese que solo aparace cuando la mascara del patrimonio se cae al no alcanzar a resolver la narración de un espacio colectivo. Así, el incendio triunfó ahí, desde los narradores, los poetas, los artistas y los nostálgicos tengamos nuestras versiones.
El incendio se había iniciado, el viento hizo que tomara fuerzas. El fuego avanzó y cruzó el camino, empezó a rodear la cumbre y comenzó a devorar Pinos. Desde abajo, desde cualquier punto se veía una columna de humo, desde otros puntos llamas gigantesca que funcionaban como una corona anaranjada.
La televisión capturó en directo imágenes, el fuego se volvió incontrolable Los bomberos dejaron de dar abasto, la velocidad del viento impidió controlar las llamas desde tierra y cielo. Empezaron a sumarse efectivos de cuerpos y fuerzas de seguridad.
Llegó la noche, la cumbre ardía.
Este desastre es cecano e íntimo, empapa la vida cotidiana como si fuera una sombra o una amenaza constante. He escuchado relatos familiares que se ha hilvanado así, como si cualquier catástrofe fuera algo cotidiano.
Los afectados fueron los que lo perdieron todo, las casas, las cosas, las mascotas que quedaron calcinadas o se perdieron.
La prensa está expectante, las cámaras filman los detalles del improvisado campamento mientras voluntarios ofrecen agua y comida.
Las lenguas del fuego atacaron todo.
El incendio sigue en alguna parte.
El incendio va a seguir siempre.
Gran Canaria sigue quemándose en la memoria de mucha gente. Las historias se superponen. El relato del incendio no es individual, sino colectivo, cada lugar arrasado es la historia de una vida que debe aprender a narrrarse de nuevo. Algunas han salido en la prensa como la de la mujer que trató de no perder a sus animales por el fuego, muy triste el desenlace.
La de todos los que pasaron la noche fuera de su terruño, viendo como las llamas avanzaban a su alrededor devorando el paisaje que conocían, mientras esperaban que no llegaran a sus casas. La electricidad se había cortado, el aire estaba irrespirable, los pinos ardían unos trás otro, el fuego, el tsunami que se desató con grandes metros de altura.
San Mateo, un escenario improvisado, los vecinos de Tejeda se acomodaban en sus casas, trazando planes y recibiendo ayudas.
La romería que estaba programada se suspendió, un pueblo que lo dice todo, una fiesta suspendida, arriba sus vecinos.
Los otros tendrán que volver a sus trabajos, a simular reconstruir una rutina nueva en sus vidas, el fuego los desalojó de su propia historia, los lanzó a la fuerza hacia delante, hacia el futuro donde tendrán que aprender a habitar sus propias casas , negocios, su entorno de nuevo.
Los voluntarios ya se habrán ido, , la atención de la prensa habrá desaparecido. En ese momento van a estar solos, solos en la cumbre, en sus vidas.
Por ahora todo es reciente, está vivo, no alcanza a cicatrizar, no va a cicatrizar jamás.
Se espera que las lluvias del invierno, no lleguen tan pronto.




























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