Es un gusto trabajar en la fiesta del Charco de La Aldea, y lo es no sólo por el buen rollito que prima en general desde hace unos cuantos años, sino principalmente por la buena dsposición de vecinos y visitantes a compartir sus vivencias. Además a esta disposición hay que sumar la amabilidad y hospitalidad de familias y grupos que toman el parque Rubén Díaz, ofreciendo un plato de comida, y lo que haga falta. Lo dicho, que es un gusto y que siga así durante muchos años.



























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