Atentado

Opinion

leonilojulio2017La intransigencia de algunas personas, ribeteado con ese modo peculiar que tienen de interpretar las religiones, acabó dejando unas Ramblas sembradas de heridos y cadáveres. Ese fruto brutal de la estupidez humana, culminó en un innecesario listado de damnificados. En tal relación, no solo figuran quienes tuvieron la mala fortuna de estar allí en el momento equivocado, también aparecen quienes mantienen algún vínculo – de cualquier índole – con las víctimas de tan ingrata crueldad. Sin olvidar, claro está, quienes profesan el mismo credo de los victimarios. Habrá que tenerlas en consideración pues, en algún momento del relato, acabarán siendo víctimas de la intransigencia de quienes – fruto de un persistente desconocimiento – terminan metiendo a todo el mundo en el mismo saco. Aún podríamos encontrar más víctimas, en este caso en un número ingente. Me refiero a la sociedad en general, que en aras a la equívoca percepción de la seguridad, va dejando tras sí cuotas de libertad.

Las religiones, sobre todo las monoteístas, resultan más limitantes que otras donde la hegemonía no le era dada a una sola divinidad. Acaso sea por eso, por ese propio monoteísmo que otorga carta de exclusividad, que se den tantas brutalidades en torno a las mismas. Sea antes o ahora, uno grupo de adeptos a dichos credos, con una muy peculiar interpretación de los preceptos establecidos – esos que permiten mantener unidos a los creyentes –, acaban dejando una enorme cantidad de víctimas. En todo caso, incluyen en esa nómina de perjudicados a los propios seguidores de su credo. Seguramente por entender, en su escaso espacio para razonar, que no tienen la suficiente fe y no profesan la adoración entendida como exigible.

De los horrendos atentados surgen, en toda ocasión, quienes aprovechan las circunstancias para poner en marcha una maquinaria de enfangar para acercar las ascuas a su sardina. Ya ocurrió en aquellos desgraciados atentados de marzo de 2004, donde la verdad – entendida como la explicación más cercana posible a lo acaecido – pasa a ser una víctima más de los sucesos. Si en aquella ocasión se encargaron de desviar la opinión (algunos rescoldos de aquello quedan aún) hacia intereses partidistas, en esta no han sido menos. Bien por una u otra cosa, lo que en un principio aparentaba un consenso generalizado, conforme iba pasando el tiempo – quizá con él mitigando el dolor – se comenzaron a escuchar voces poco gratas. No me refiero a esos personajes funestos, ahítos de odio y escasos de escrúpulos, que aprovechan tan luctuosos sucesos para dar rienda suelta a sus conspiraciones. En realidad, estos ya están descontados por la experiencia. Me vengo a referir a quienes, en lugar de colaborar en la medida de sus posibilidades, utilizan su posición para generar confusiones. Son tan necias estas personas, que acaban causando pena por la escasez que demuestran.

Si bien es cierto, son sentimientos normales, que los muertos y heridos cercanos suelen dejar un mayor poso de dolor. No lo es menos, que estos atentados y los autores e inductores, no solo atacan en países de occidente. También los ejecutan donde en principio se podría pesar, que por su cercanía, no tendrían que atentar. Sí, tampoco parece ser – basta con ocuparse algo de las informaciones circulantes – el conocido como infiel, el objetivo de los atentados. Son muchos los que profesan su religión, acaso en algunas de sus variantes y quizá por ello, que acaban siendo víctimas de sus atentados. Y no me refiero en exclusiva a quienes habitan en los países productores de este tipo de terrorismo, al ser víctimas asimismo quienes eligieron vivir en otras zonas del planeta y, para su desgracia, también están presentes en el lugar equivocado, donde de modo indiscriminado atentan esta suerte de depredadores.

Algo más, para concluir. No es otra cosa sino las fuentes de financiación de este tipo de terrorismo. Si por el modo de actuar no parecen ser un elemento disuasivo, en apariencias sus necesidades son bastante escasas, en la práctica si poseen algunos requerimientos económicos. En el caso que nos ocupa, obviando el costo de las bombonas de butano objeto de una explosión incontrolada, fueron otros los gastos relacionados con sus actividades. Sobre todo en viajes, esos que les permiten conocer modos de actuar y consignas para ello. A tenor de lo conocido, algunos viajes realizaron, con un costo considerable, necesitado de una financiación externa. Ahí es donde habrá que actuar, para acabar con esas fuentes de financiación, no solo con la denuncia sino con acciones diplomáticas y comerciales, conducentes a evitar que mantengan, como hasta ahora, su total impunidad.


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