No hay cama para tanta gente
Las obras siempre traen molestias, pero hay que soportarlas. A principio de mes el ayuntamiento inició las obras de acondicionamiento del tramo del Paseo González Díaz, desde el Muro Nuevo a la confluencia con la calle Dr. Rodríguez Ramos, realizando la prolongación efectiva de la Zona Comercial Abierta que mejora la accesibilidad y movilidad como continuación de la Calle Real de la Plaza. La parada de taxis se trasladará a la misma calle, después de la intersección con la calle Dr. Pedro Rodríguez y la zona de carga y descarga se ubicará en la C/ Párroco Juan González. Como así informaba la página web municipal el pasado 4 de agosto. En principio dicha obra debió comenzar el lunes, pero finalmente comenzó el martes, cogiendo a algunos desprevenidos.
Parece ser que desde el ayuntamiento contactaron con vecinos y comercios de la zona, pero parece que nadie se acordó de la parada de taxis que allí se sitúa, así a primera hora se vivían algunas escenas de “tensión” al no permitir el paso a los taxistas a su puesto de trabajo, más aun cuando el teléfono de la parada se encuentra situado en esa zona, y al no haber sido avisados no contactaron con la empresa de telefonía para trasladar dicho teléfono. Finalmente desde el ayuntamiento y los responsables de la obra accedieron a que los taxis no más de tres a la vez accedieran a la zona. Situando al resto en la prolongación de la calle, que es donde actualmente están situados.
Para el carga y descarga que han situado en la calle Párroco Juan González, el espacio es insuficiente, con tanto comercio cercano, los transportistas deben dar vueltas y vueltas, o aparcar en el otro extremo del pueblo y traer la mercancía en carretilla, también pueden dejar el vehículo en otro lugar y al volver llevarse la sorpresa de una multa.
Los vecinos de la zona se quejan que no tienen donde aparcar, “ni para dejar el coche unos minutos para bajar la compra”, también las cafeterías se hacen eco de las quejas de los clientes que piden comida para llevar, “ni bajarme a recoger el pedido”, en ocasiones los clientes “se cansan de dar vueltas o de escuchar la quejas de algún taxista por dejar el coche en la parada y terminan marchándose, dejando los pedidos en la cafetería”.
Las molestias son temporales, los beneficios son para siempre, pero que no han merecido el cálculo de sus costos directos e indirectos sobre los ciudadanos. Entre otros problemas destaco los siguientes: El costo a la salud y calidad de vida de las personas y familias más sensibles, durante los tiempos en que se han aumentado las emisiones contaminantes (humos, gases y ruido). Los gastos de recuperación de las micro y pequeñas empresas que viviendo apenas con las ventas del día, ven afectados sus negocios por la ejecución y operación permanente de las obras. El aumento en el costo de movilización de las familias debido a la falta de aparcamiento. Los costos de competitividad y/o tiempos productivos perdido, tanto de las familias, como de los comercios de la zona.
Quizá el problema no alcance a ser percibido en su realidad, pero tampoco nos hemos detenido a evaluar y conocer las cifras, si lo hiciéramos probablemente tendríamos otra razón más para exigir a los gobernantes menos improvisación o si esto no es posible, la reparación del daño económico, ambiental, o a la calidad de vida sufrido.
Muchos vecinos se quejan de boca y pocos son los que van al ayuntamiento a presentar una queja formal, por lo que al final, no se toma ningún tipo de medida por parte de los que mandan. El mirar las obras por el tiempo de legislatura, tiene el mal que no se actúa con vistas al futuro. Por eso con esta obra, al no tener otras alternativas viables están generando tantas molestias.
“No hay cama para tanta gente”, quizás ubicar la parada de taxis en otro lugar o lugares, tener algún horario acodado con los distribuidores para que no lleguen todos a la vez, poner un vado de 10 minutos para que los clientes puedan recoger sus pedidos, eran algunas de las posibles soluciones.
Pero va siendo hora que los gobernantes tengan un plan para un Teror del siglo XXI, donde no exista la improvisación, teniendo varios proyectos realizados a los que solamente les falte presupuesto, y que dichos proyectos sean la base del Teror del futuro, donde todos estamos involucrados, de tal manera que se escuche a toda la sociedad y se trabaje por ella.
Sigo pensando que gobernar no es sólo gastarse el dinero del pueblo en lo que al gobernante le venga en gana. Las molestias (provocadas por las obras improvisadas), son pagadas por la población, mientras los beneficios se los llevan los políticos.


























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