No nacieron a Podemos para ser uno más
El PSOE de Castilla - La Mancha y Podemos llegaron el 23 de julio a un acuerdo político que anuló la inminente convocatoria de elecciones anticipadas. El señor García - Page, presidente psocialista del Gobierno y acaso el más visceral crítico contra el señor Sánchez durante su primera etapa como secretario general del PSOE, no había conseguido hasta ese día el apoyo de Podemos para aprobar los presupuestos de la Comunidad.
No obstante, el milagro se produjo gracias a un pacto con tres sospechosas variantes... retiradas inmediatamente por deshonestas. Una: los funcionarios que accedieran a altos cargos del Gobierno castellanomanchego verían mejorada su nómina cuando volvieran al anterior puesto de trabajo. Dos: elevarían la suma de sus pensiones con la jubilación. Tres: ascenderían de nivel administrativo en su escala profesional.
Quienes acordaron tales prerrogativas las justifican con un argumento para ellos de justicia: los servidores políticos que llegan desde el funcionariado pueden verse negativamente afectados en su condición profesional pues, al encontrarse en excedencia, no gozan de posibles ascensos en la Función Pública. Además, dicen, es práctica generalizada en casi todas las comunidades autónomas: estas benefician económica y administrativamente a los funcionarios que ocupan altos cargos de gobierno.
Sin entrar en profundidades, planteo cuatro observaciones. Una: la nómina mensual y la jubilación del funcionario de a pie son mucho más reducidas que las correspondientes al funcionario–alto cargo en el gobierno. Dos: hay técnicos, maestros... en la política –con todos mis respetos- cuyos niveles administrativos ya están igualados a los de ingenieros o licenciados con oposiciones, lo cual incita a la escalada política y, con frecuencia, sin pudores, reparos éticos o idoneidades. Tres: no conozco a ningún funcionario con aspiraciones que se haya negado a ocupar un cargo político por cuestiones puramente administrativas. Cuatro: ¿cuántos funcionarios ubicados en cargos dedocráticos se han adaptado a vaivenes producidos por repartos de consejerías y sobreviven a consejeros e, incluso, a partidos políticos?
En el caso de Castilla – La Mancha la cuestión afecta, además, a básicos rigores morales: casualmente, los señores García Molina (José) y Herranz Arroyo (Inmaculada), parlamentarios de Podemos ascendidos gracias al pacto a vicepresidente segundo y consejera, respectivamente, son funcionarios de carrera de la Comunidad (profesores universitarios).
Por tanto, directísimos beneficiarios de una reforma administrativa absoluta y radicalmente contraria a la elementalidad ética, venga de donde venga. Y si arranca de Podemos –sin duda alguna-, gravísimo comportamiento el suyo, dinamita colocada en la base de su esencia ideológica. En consecuencia no puede quedar la cosa en una simple retirada del proyecto de reforma, lograda gracias a la denuncia de algunos periódicos, la honesta actuación del eurodiputado señor Urban y el pudor de quienes desde Podemos denunciaron tales privilegios como radicalmente inversos a la fuente de pureza moral que Podemos prometió: “La única forma de construir mayorías sociales es desde fuera del sistema y no desde dentro".
Pues ahí, precisamente, radica su fortaleza y están sus votos. Estos exigen rigor, seriedad, cumplimiento de las proclamas electorales... y no inmediata connivencia en la participación de beneficios personales. Los votantes de Podemos son gente ilusionada, e incluso hasta desesperada en momentos. Por tanto, exigente. Ni hay fanatismos ni degeneración de Ideas. Y tal contubernio entre PSOE y Podemos en Castilla - La Mancha era, insisto, radicalmente contrario a la elementalidad deontológica. (En alarde de ultraje a la sociedad pretendieron, incluso, hacerlo extensible a todos los altos cargos de Gobierno... ¡desde 1983! Total, se trata de dinero público...)
Si echamos una mirada al 23 de julio rememoraremos palabras dichas por los cómplices del PSOE. Insistieron por activa y pasiva en la urgente necesidad de un pacto de Gobierno cuya finalidad estaba clara: “Dar certidumbre a los ciudadanos y garantizar la reconstrucción de lo destrozado" durante el anterior Gobierno presidido por la señora CosPPedal. Y “certidumbre” es -segunda acepción del Diccionario- ‘obligación de cumplir algo’. Y “algo”, en este caso, se llama Programa de Podemos en el cual, definitivamente, no cabe el uso de las instituciones públicas para la obtención de beneficios privados.
Cuando en mayo de 2014 Podemos obtuvo cinco escaños en el Parlamento Europeo con el apoyo de un millón doscientos cincuenta mil votos, solo llevaba tres meses de vida. Pero eran las vidas de 1 250 000 personas hastiadas del complaciente pacto de poder e indignadas frente a cómplices silencios. De su inesperado triunfo se hicieron eco emisoras y periódicos extranjeros, no todos afines a pacíficas revoluciones sociales. Así, para la BBC británica “Podemos es un partido de izquierda ‘antiausteridad’”. Financial Times (acaso el periódico de negocios más importante) destacó las críticas del profesor Iglesias al bipartidismo tradicional en España y a las políticas de dureza económica. Según el norteamericano New York Times (108 premios Pulitzer), Podemos “ha sido capaz de sacudir los cimientos de la política española”.
El PP llamó “extrema izquierda” a la gente de Podemos tras su victoria. El señor González, del PSOE, despectivamente los llamó “bolivarianos”. ¿Hay, pues, en España, un millón doscientos cincuenta mil extremoizquierdosos bolivarianos? No, en absoluto. Esto no es el fanatismo afgano, tampoco la yijá islámica. Se trata, simplemente, de que un sector de la sociedad está harto de corrupciones, chanchullos, indultos a ladrones, milmillonarias inversiones de dinero público en la banca privada, sobresueldos (sueldos en sobres)... y todo lo que ya conocemos. Sí: el sistema está podrido, debe cambiarse. Y eso lo creen, por el momento, cinco millones de votantes (Podemos) y otros tantos socialistas.
Con fecha 14 de este mes PSOE y Podemos de Castilla – La Mancha dan marcha atrás. Renuncian, así, a su primera acción política: beneficiar a altos cargos del Gobierno una vez abandonen la actividad pública. Pero el daño está hecho: hubo disposición y absoluto entendimiento entre ambos. Y la coincidencia los iguala. Sin embargo, Podemos nació para no ser “casta”. Al menos, eso dijeron hace solo tres añitos.


























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