El trazo de las líneas roza la perfección. Al igual que el de las sombras. Parece que todo ha sido estudiado y proyectado para la Historia posterior. El mismo cielo azul sirve de contraste al color del edificio que, seguramente, fue blanco en su origen; sin embargo, parece no desentonar. Las ventanas, salpicadas en la enorme fachada, como focos de luces que iluminan amplias estancias, rompen la extrema largura de la casa. Y la sombra del edificio de enfrente penetra en su interior, como jugando al escondite. Y así cada tarde en el cielo azul de la primavera lagunera.































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