Ser Presidente de un Club de fútbol es un trabajo inmenso y un gran sacrificio, Anastasio, le dedicó muchas horas a su equipo de siempre el Sardina C.F. en todo lo que hiciera falta y cuando fue con el cargo de Presidente nos comenta que “tuve que afrontar muchos gastos, pagar mucho dinero y si no había, a veces, lo tenía que poner de mi bolsillo, lo digo bajito para que no se entere nadie”.
Anastasio, entró en el Sardina por sorpresa y lo propusieron a él, porque no había nadie que quisiera el cargo. Él no se consideraba el más adecuado, pensaba que había otras personas que lo podían hacer mejor porque su intención siempre había sido colaborar y trabajar para ayudar al equipo de su barrio.
En la temporada 1988-89 comenzó como presidente hasta 1992. A partir de este año, descansó una temporada y luego volvió hasta el año 2003, viviendo el cambio de siglo en su querido club del alma. Quería que su hija fuera la secretaria pero por problemas internos entre los directivos no fue. Estuvo muy bien arropado, con más de treinta personas entre mujeres y hombres que daba gusto dirigir al equipo de esa forma, eso duró unos 4 años como siempre, luego se fueron cansando y acabaron con 4 ó 5 para dirigir y atender a 7 equipos y evidentemente el presidente no se podía marchar ya que era el capitán del barco y debía ser el último que abandonara la “nave”.
La lotería con fines sociales fue un factor en la buena marcha de la entidad, ya que ayudaba a mantener al equipo, pero luego la gente se fue cansando y se quedó casi sólo en esa labor, horas y horas dedicando tiempo a la sociedad para generar dinero y quitando tiempo a su familia y a su tiempo de ocio. En aquel entonces era todo en uno, marcaba el campo, limpiaba y lavaba las casetas, era un trabajo muy duro el que tenía que hacer, este compromiso lo hacía por la cantina como compensación ya que no pagaba alquiler, que la gestionaba el club para obtener dinero para los gastos de toda la gestión deportiva. El campo era pelado con picón, la tierra se la llevaba el viento ya que no tenía césped. Tuvo que limpiar el picón porque a los jugadores le duraban poco las botas y las raspones eran muy frecuentes y por eso tuvo que realizar obras metiendo tractores y camiones para quitarlo. Le lloró mucho a Demetrio Suárez, alcalde en aquella época, para hacer y mejorar cosas en el campo de fútbol, todo ello porque le gustaba el deporte y fue muy importante en la mejora del campo de fútbol. Al alcalde le pidió recursos para amurallar el campo, el ayuntamiento puso el material y los vecinos y amigos le ayudaron a colocarlos. El campo estaba “pelao” en ese momento, sólo la caseta del árbitro y las casetas. Tuvieron que hacer toldos de caña para poder sacar un duro cobrando la entrada ya que era la forma hacer la taquilla, incluso pasar la bandeja. Intentó buscar dinero por todos sitios, para buscar las “perras” necesarias, incluso salir al barrio puerta a puerta, para pedir dinero para poder pagar las fichas y no se puede quejar porque recogían algo de dinero ya que los vecinos colaboraban.
A los comercios, señala Anastasio, “también le agradezco su colaboración”, las tiendas y los bares que le daban productos para rifarlos. Eran tiempos en que los jugadores no cobraban, y por ello nos decía: “les hacíamos dos tenderetes, uno al principio de temporada y otro en Navidad”. Pasó malos ratos y algunos buenos. Lloró para poner la luz al estadio, poder entrenar, jugar de noche y lo consiguió, tuvo que rogar y tocar más de una vez, insistiendo al alcalde, pero al final logró que su campo tuviera el césped, que fue una novedad en aquella época y un disfrute para los niños/as y jóvenes del barrio.
Contó con la colaboración de que los entrenadores no cobraban, , entre ellos recuerda a Faustino en el regional, Pepito Monzón, Miguel Gil que hacía de entrenador y si tenía que jugar también lo hacía. Consiguió los ascensos de segunda a primera Regional y en Juveniles también de segunda a primera. Cuando había dinero le pagaban por entrenamiento, recuerda que “en mi época conseguí 3 ascensos de regional de 2º a 1º, el juvenil fue una vez campeón y consiguió dos ascensos como subcampeón”. Igualmente, Anastasio enumera anécdotas como la relatada en uno de los ascensos en que como campeón le faltaba un gol para los cien, al descanso iban 3-0 y le faltaba ese gol y en la segunda parte el equipo rival no salió a competir y no se pudo conseguir ese gol que faltaba en ese día, era el San Vicente Ferrer.
Otra anécdota que nos cuenta, fue que un árbitro llegó a pitar un partido al campo de Sardina, pero se confundió de día y le comentó que no tenía dinero para la vuelta, supuestamente para pagar un taxi ya que pensaba en cobrar por dirigir ese día el partido, el club fue amable lo invitaron a comer en la cantinilla ayudándole en el regreso a su casa.
En la actualidad los campos de fútbol municipales cuentan con un operario municipal que se encarga del cuidado y mantenimiento del estadio, ya que antes, según recuerda Anastasio nos decía, “yo llegaba al campo a las cuatro de la tarde y salíamos a las once de la noche limpiando y trabajándose, se pasaba mucho, trabajando día a día para realizar las obras del campo”.
Fichó a Venancio, jugador en su época del San Isidro a mediados de temporada como entrenador, posteriormente contó con el Ruso, el Brujo etc.
Le hicieron un homenaje que nunca podrá olvidar, en un triangular que lo ganó un equipo de Arucas con mucha mucha gente entre mujeres y hombres y ese día Aladino Suárez, le leyó un documento con su trayectoria en el club que le emocionó un montón.. y es el recuerdo más emocionante que le puso la pile de gallina.
A continuación puedes escuchar el AUDIO de la entrevista completa así como fotos que recuerda la mencionada época.





























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