En el verano canario, donde la mayoría de las fiestas patronales se celebran, las almendras garrapiñadas y los algodones de azúcar regresan para recordarnos olores y sabores dulces de nuestra infancia. Sin embargo, hay puestos fijos, como el que muestra la imagen. Está en La Laguna, uniéndose así al Patrimonio de la Humanidad. O sea, que La Laguna es muchas cosas; no solo su historia y su diseño, sino también los pequeños negocios que mantienen el sabor de un tiempo que la modernidad trata de llevarse por delante. Por eso, improbable lector, contribuya a su mantenimiento. En el conjunto todo es donde la Historia permanece.































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