Lo esencial es invisible para los ojos

Opinion

pedrorodriguezmoyEn este gran lugar llamado mundo, movido por el azar, el destino, el karma, el orden natural, la providencia, o la fatalidad, darle el nombre que quieras, yo lo dejo en el azar. El azar suele viajar de incógnito. Un día el azar tomó asiento a mi lado y me acompañó silencioso, alterando tímidamente mi vida sin que apenas me percatara de ello. A menudo lo hace disfrazado de pequeñas casualidades, de circunstancias cotidianas o, de acciones y decisiones aparentemente intrascendentes. Es sólo después, mirando atrás, que soy capaz de entender el importante papel que éste ha jugado en mi viaje por la vida. Se disfrazó de casualidad cuando decidí entrar en política, atraído por las situaciones en el ámbito social y los comentarios de aquella amiga que sin querer me empujó a la política. Se disfrazó de decisión intrascendente cuando escogí entrar en ella y en aquellas llamadas de amigos y familiares en la que durante horas entendí en qué y cómo podía ayudar.

Cuando uno va cumpliendo años y mira hacia atrás, empieza a intuir cierto camino escondido en la arena. Después de años cambiando de lugar de trabajo y de amigos, unos se van, otros permanecen y otros se van ganando mi confianza, empiezo a entrever que este camino que me ha llevado donde estoy y a ser quien soy.

Ahora creo que puedo escribir la primera reflexión o si quieren conclusiones de mi paso en estos dos años de política, donde me pone a prueba constantemente, es una escuela de ojos abiertos, del mirar detrás y más lejos. Estar en ella me obliga a reflexionar sobre muchas cuestiones. La política te puede sugerir cualquier cosa excepto indiferencia, debe ser un dique frente a la ceguera, frente al individualismo egoísta.

Ser político es descubrir que la pobreza tiene ojos, y que estos te atraviesan como puñales y también en la mirada que se huele y oye, siente y se deja afectar. Algunos puñales van cargados de súplicas, otros de indiferencia, otros de simple curiosidad, y algunos pocos también de desprecio. Por suerte también hay muchas sonrisas que te buscan, te encuentran y que de alguna manera equilibran la balanza. Ser político significa asistir a la lucha por la vida en las profundidades de tu ser, ves lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Delante de ciertas realidades sólo tienes tres opciones: huir, ser un espectador o comprometerte. La elección por supuesto, siempre es cosa tuya.

Con dos años y estando en la oposición no hay tiempo de hacer grandes cosas, pero haciendo honor a la frase de Teresa de Calcuta sobre las pequeñas acciones: si estas gotas de agua no existieran quizás el océano las echaría de menos.

También he aprendido que mis adversarios en política se enfrentan a realidades muy duras y complejas ante los problemas de los ciudadanos, muchas veces dudas que se multiplican para resolver sus demandas. Vicente Ferrer sentencia magistralmente: La duda es la herida de la mente al alma.

Hay mucha más gente en política de la que creemos que dedica toda su vida a los demás con otros valores alternativos. Y no lo digo en el sentido religioso de ayudar a los otros para autosalvarse sus propias almas, sino que lo hacen porque creen que otro mundo es posible. No un mundo perfecto, sino simplemente un mundo más justo. Vivimos en una sociedad consumista, egoísta e individualista.

Debemos ponernos en marcha, actuar, porque solo actuando podemos cambiar las cosas: "Son cosas pequeñas, no acaban con la pobreza, no nos sacan de los problemas diarios. Pero quizás desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable…. Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." (Galeano, 1992).

Un ejercicio político, por cierto, sin fronteras, en el que todos los seres humanos son iguales, reconocer al otro como humano, como cercano, como alguien que merece nuestra cercanía desde lo cotidiano, estando con los vecinos, hablar, relacionarse, empatizar, recuperando el viejo sueño del reconocimiento incondicionado, de la común e igual dignidad de todas las personas, la fraternidad universal, la solidaridad innegociable, la justicia para todos. Es, apostar porque ningún humano pueda ser privado de sus derechos como persona.

Construir un mundo habitable no solo para los más fuertes, un mundo en que quepan muchos mundos. Se trataría de generar vínculos, comunidades, vecindad frente a la vida de hoy vivida con frecuencia "sin vecinos" y sin comunidades, frenar la producción social de la distancia, de la indiferencia moral.

Apostando por desarrollar desde lo local, desde el día a día, desde lo cotidiano y lo concreto. Por la vida del sujeto y por sus estructuras sociales, defendiendo el ejercicio mediante un compromiso concreto y tangible, convertirse en agentes del cambio necesario, mediante el pensamiento y la reflexión. Como forma de vida más allá de ser una actividad concreta y específica, que cala y transforma lo personal, lo cotidiano y que desde ahí transforma y tiende a transformar lo social, que inquieta y desafía lo existente, que busca el cambio.

Porque "por una parte debo de cambiar el alma de los individuos para que sus sociedades puedan cambiar. Por la otra, debo tratar de cambiar las sociedades de manera que el alma individual tenga una oportunidad". (Martín Luther King).

Ponerme el traje y la corbata para para asistir a los actos en los que me suelen ver con bastante frecuencia, también tiene un verdadero papel transformador, este empieza realmente cuando vuelvo a casa y me percato en la burbuja donde vivimos muchos políticos, es entonces cuando tengo la capacidad de implicar a otras personas que podemos hacer pequeños cambios.

Lo he visto en mujeres anónimas marcadas por historias personales tan duras que nosotros no podemos ni llegar a imaginar, pero han tirado adelante. Lo he visto en familias bajo el umbral de la pobreza. Lo he visto en personas cuidadoras, personal sanitario, que con toda la pasión desbordante de cuidados y una simple mirada consiguen levantar una sonrisa a las personas enfermas. Lo he visto en todos los voluntarios que de manera altruista pueden con todo lo que se les ponga por delante intentando mejorar la vida de de los que no tienen futuro o no lo encuentran.

También lo he visto y he aprendido que la vida es una duda constante. Enfrentarte a realidades tan duras como las de los niños, en la que hace pocos días compartí sus apacionantes dibujos, esos pequeños pacientes del Materno infantil, individuos que con tan poca justicia ha tratado la vida y sin embargo todo lo afrontan con valentía, de la manera en que sonríen a la vida, el cómo luchan cada momento y lo grandes que son. He descubierto como no hay diferencias entre los niños sean de donde sean, vengan de donde vengan, y cada abrazo y beso ha dejado huella, esas miradas limpias que tanta fuerza dan, los protagonistas de todo, el centro de todos los esfuerzos, esos que dejan huella.

Ahora, desde este lugar privilegiado del mundo donde he tenido la suerte de nacer, Gran Canaria, Moya, escribo estas palabras para poner punto y seguido a una experiencia que no solo no termina sino que acaba de empezar, para todos los que me habéis leído espero que de algo haya ayudado, y si he conseguido remover algo me doy por satisfecho, al fin y al cabo no se puede comparar con todo lo que he vivido.

 


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