Apenas caen cuatro gotas en la isla, enseguida se pone verde. Y subimos al monte a verla y a disfrutar de su cambio de peinado. Porque cuando la isla está verde, imaginamos que en el color está la vida que transcurre paso a paso. Otro invierno, otro momento para recorrer sus cumbres. Y así, en lo alto, empequeñecemos al observar, acaso escudriñar, el conjunto todo. Y la sinuosidad de la carretera habla de obstáculos que debemos superar. Y tras la última curva, la vida toda.































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