El circo
De tal tipificaron a la moción de censura, quienes estaban en el objetivo de la misma. Ya se encargaron de ir desacreditando el procedimiento – contemplado en la Constitución, por cierto – para ir quitando hierro al asunto. En los preámbulos, por desprestigiarlo, el censurado insinuó su ausencia. Modo de restarte importancia al censurante. Hecho, que visto al detalle, no deja de ser sino un comportamiento altanero, desacreditar al contrario. Tanto fue así, que las imágenes del primer día, al menos por los medios habituales, no fueron fáciles de seguir. Me refiero al canal del Congreso y a la señal que cede a otros medios.
El desarrollo de la sesión, contraria en su horario a los censurantes, tuvo su inicio con el zarandeo de la portavoz del citado grupo al gobierno. A partir de ahí se fueron agudizando las posturas, quizá ello llevase a la intervención final del representante del Partido Popular, cuando fue su turno al día siguiente. La jornada, entre actuaciones del presidente del Gobierno, portavoz del grupo parlamentario de Unidos Podemos y candidato a la investidura, fue desarrollándose sin ningún tipo de sobresaltos. Claro que, para ello, habría que hacer oídos sordos a las voces que denostaban la moción de censura. Entre los motivos de la censura, para el sonrojo de los censurados, se produjo el correspondiente recitativo con todos y cada uno de los casos de corrupción que, de uno u otro modo, están siendo investigados o juzgados por los Tribunales. Siempre que no estén sujetos a impedimentos, esos propios de lo que llaman garantías procesales.
Las distintas intervenciones, a lo largo de la jornada y media que duró el debate, respondieron a lo previsto. Con ellas elaboradas de antemano, por aquello de traer la tarea preparada, se pudo comprobar cómo en ocasiones todo está sometido al influjo de los prejuicios. En algunos casos, como si en ello le fuese su futuro y sin gracia alguna, la que incidió en el candidato y su trato a las mujeres. Como si tal hecho, en tales circunstancias, tuviese algo que aportar. De cualquier modo, entre unas y otras, algunas de las intervenciones permitieron entresacar algunas ideas importantes. No, no me refiero a la del portavoz del PP, siempre previsible. Una vez más, toda la audiencia pudo comprobar el papel que juega con la portavocía de su grupo parlamentario. No otra sino la de desviar la atención de lo principal, para que todo el mundo centre su mirada en las anécdotas, mal encaradas pero anécdotas al fin.
La culminación, con el voto de quienes estaban presentes, volvió a dejar claro que todo estaba previsto: la falta del número suficiente como para que prosperase. Ojo, tampoco recibió un apoyo mayoritario el actual presidente, como para salir tan envalentonado como dio a entender. Si algo quedó claro, para desdoro del presidente, que los afirmativos y las abstenciones superaron a los negativos, es decir, los de quienes apoyan al presidente, no se sabe por qué razón.



























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