En el Guiniguada (IX)

Opinion

juanferrera“La víctima, don Pedro Jacomar de los Santos, no solo murió de la depresión que sufría, sino que además llevaba encima los pecados de toda una vida. De natural católico, al final, ya no pudo aguantar las incoherencias vitales. Otrosí, padecía de azúcar; que no se cuidaba nunca. Aquel aciago día entró en la Dulcería Parrilla y compró una generosa bandeja de dulces. Más tarde, no sabemos dónde, se los zampó uno a uno. Posiblemente este acto acelerara también su óbito. Así que entre la depresión que lo abrumaba, los arrumacos de la cubana y el azúcar incontrolado se convirtió todo ello en una bomba de relojería. Lo de los cataplines chamuscados no era más que la muestra de los celos de un proxeneta sin escrúpulos. Firmado: Santiago Bravo. Agencia de Detectives Bravo.” Así concluía el informe del detective contratado por Maestro Cipriano y que un día, mucho tiempo después, me dejó leer en la zapatería. A pesar de mi negativa, Maestro Cipriano insistió tanto que tuve que ceder:

---Necesito compartirlo con alguien, y con mi Esther no va a ser de ninguna manera. Por favor, Fermín.

En el Guiniguada IXY, ahora que lo pienso, nunca les había dicho mi nombre. Sí, Fermín Santana Hidalgo: ese es mi nombre completo. Primer, y único, oficial de la zapatería de Maestro Cipriano; sí, sí, la que está al ladito de la catedral; la de las chanclas veraniegas para chicas. Ahora anda empeñado mi maestro en preparar para el próximo verano chanclas de chicos, con lo cual tenemos copado el sector juvenil (toda esa expresión es de mi hijo Juanito que cada vez se expresa mejor y yo lo entiendo menos). Lo cierto es que el trabajo va en aumento. A mí me da que mi jefe va a tener que contratar a un aprendiz porque si no no vamos a dar avío. Cada vez viene más gente y en Semana Santa, no solo las mujeres, sino los hombres también parece que se han puesto de acuerdo para revisar sus fondos zapateriles y ponerlos a punto para las procesiones. Y llegados a este punto les señalo que mi casa, la de Los Tarahales, está casi terminada. Calculo que con dos sancochos más la remato. El otro día, Maestro Cipriano me aumentó el sueldo en veinte duros, lo que me da para unos cuantos bloques que me faltan en el muro lateral. Ya lo dije en otro momento: mi jefe nunca se queda atrás y es él el que me sube el sueldo porque, en mi alelamiento, las palabras se me atropellan y se convierten en impronunciables. Y eso que no paro de leer las novelas del oeste, mis preferidas. Tengo que pasarme por El Frontón para hacer el intercambio de esta semana. Este Marcial Lafuente Estefanía es un genio. De verdad que lo creo.


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