Con el verano, las fiestas patronales. Voladores, banderas, bandas de música, gente, bullicio y saludos. Canarias se llena de fiesta.
En cuanto damos la vuelta al calendario, la calle recupera su auténtico valor, su grata presencia: el espacio de la comunidad, el punto de encuentro de los vecinos. Alegrías y tristezas a un tiempo van marcando el trayecto. A veces los caminos se convierten en veredas estrechas y, otras, se ensanchan para demostrar que las pasiones y las emociones se mezclan con las adversidades del mar Atlántico.
Así que no está nada mal que unos cuantos voladores nos peguen un susto y nos hagan saltar. Quizás sea lo que necesitamos para seguir la estela.





























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