Desde El Rincón de la Jacaranda, el Cafetín. Esquinado y novelero. Punto de encuentro de un paisanaje que valora la comunicación directa.
Todos los días, a las seis de la tarde, llega Juana con el pan. Cuando mis hijos eran pequeños y estábamos en casa de mi suegra, allí iba a buscar el pan calentito de la tarde. Y recuerdo cuando mi madre me mandaba a la panadería de Dominguito, recién salido del colegio. Cruzaba el campo colorado de la OJE, en El Terrero, y, a la vuelta, el sabor del regreso se convertía en un mundo de sensaciones únicas. En mi casa me esperaban la conserva cubana Conchita, la mantequilla o el chocolate. Y, en días excepcionales, la mortadela. Y todo ello ha sobrevenido gracias a la sombra de una Jacaranda que ya tiene noventa y dos años y que, en los días buenos, saca a la gente de sus casas.
La calle como bien público: el próximo acto de la fiesta de la vida.





























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