Claro que ser canario es mucho más que un orgullo, porque serlo es llevar el salitre en la piel, el sol y las estrellas como techo y la mar como sendero. Pero, también, ser canario es mantener día a día la lucha sin tregua por el océano que nos baña, para que sea un mar limpio y verdaderamente nuestro.
Ser canario es dejarse acariciar por el aire fresco y húmedo de Los Alisios, a la sombra de los frondosos bosques de laurisilva y palmeras. Pero, también, ser de esta tierra significa alzarse contra aquellos que la arruinan, especulando y haciendo leyes que maltratan nuestro frágil ecosistema.
Carajo, que ser de aquí no solo significa mal vestirse con el traje tradicional en actos y fiestas señaladas. Ser de esta tierra es conocer su historia y su cultura, para que, como hicieron los de antes, legar a los que vengan después todos esos conocimientos que, como la raíz que sostiene al drago, manteniéndolo erecto, mantengan viva nuestras señas de identidad. Ser canario es rebelarse contra una historia prostituida y hecha a medida de lo intereses bastardos de algunos y de tradiciones inventadas con el fin de obtener ventajas políticas, económicas o sociales que dañan y confunden al pueblo canario.
Claro, coño, que ser canario es un orgullo. Pero ser de aquí también es amar la libertad y la igualdad entre los canarios de las ocho islas, sin leyes ni prebendas que marquen diferencias que hagan aflorar los nefasto insularismos que nos debilitan como pueblo, impidiéndonos conseguir mayores objetivos y cuotas de autogobierno.


























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