Este país es una puta mierda
La expresión no es mía, aunque en algún momento, y por circunstancias diversas, puede que se la haya espetado a alguien. Nada descubro si digo a quien se debe tan profunda e inabordable expresión. No a otro, sino al que en su momento estuvo presidiendo la autonomía madrileña. Fruto de la operación Lezo, de las grabaciones incluidas en el sumario de la instrucción, nos hemos podido ir enterando cómo se las gastan estos individuos. Nadie podría pensar – caballero de fina estampa – que pudiese expresarse de ese modo tan soez. Incluso en ámbitos tan íntimos, como lo es el de una conversación telefónica con su hermano. No puede uno pensar en ello, si observa cómo porta – en señal de patriotismo – la pulserita con la bandera española. Con el paso del tiempo, y el comportamiento de este cutrerío, suele parecerse a una suerte de símbolo identificador. Claro que, lo soez se pone en evidencia en cómo se fueron ventilando el dinero público, con tanta desfachatez.
Cuando comenzó la denominada crisis económica – estafa a la luz de los acontecimientos –, no perdieron ocasión para reiterar que nos habíamos comportado por encima de nuestras posibilidades: “vivir por encima de nuestras posibilidades”, fue la expresión. Es decir, que nuestras actuaciones hasta aquel momento, fueron la causa de tal hecatombe. Y, por aquellas fechas, cualquier persona que te hablase – con independencia del escenario donde se produjese la conversación – acababa con dicha expresión: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Si preguntabas en qué se basaba, surgía una respuesta llena de inconsistencias y plagada de dogmáticos exabruptos. Habrá que otorgarles el mérito de haber implantado la expresión de marras.
Con el paso del tiempo, y la emergencia de tantos casos de corrupción, comienza a tener sentido la expresión. Esta venía a poner en evidencia la situación real, la de quienes ostentaban nuestra representación – en uno u otro ámbito y no mayoritariamente – que comenzaron a vivir como esos provincianos nuevos ricos, que recibieron una herencia de un familiar recién fallecido. A saber, como ese dinero les iba llegando sin demasiado esfuerzo, más allá del destinado a las trapisondas, lo gastaban a manos llenas para mostrar un tren de vida muy superior al correspondiente a sus ingresos. Al menos los reconocibles. Quizá sea la causa por la que algunos comportamientos, a pesar de las aparentes cautelas, comenzaron a resultar sospechosos y se pusieron en marcha las investigaciones que, pese a los traspiés recibidos, han ido dando como resultado las instrucciones que han llevado a algunos de los implicados a la prisión preventiva.
Por eso, cuanto más se va ahondando en lo acaecido, cuando las informaciones van hurgando en los hechos, más sonrojados nos ponen ante la desfachatez con la que se han movido – y se mueven – en asuntos de los denunciados. Entre lo desvelado, a propósito de la expresión que culmina con la definición del país como una porquería, nos hemos enterado del interés por irse de España. Por eso sorprende, cuando busca la excarcelación, que alegue arraigo. En cualquier caso, sí que podríamos darle la razón al susodicho. Si hacemos caso a todo lo que vamos conociendo, si cabe concluir en ello: este país es una puta mierda.



























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