En la Sala Manuel Padorno, de la Biblioteca Pública del Estado, se presentó en la tarde del viernes, 12 de mayo, lo que hasta el momento resulta ser la última publicación del galdense Nicolás Guerra Aguiar. Se trata, como se anunciase desde estas mismas páginas, de Sansofé, en defensa de la libertad secuestrada. Un detenido trabajo sobre las que resultaron las vicisitudes del semanario de mismo título, durante sus apenas tres años de vida editorial.
La mesa de presentación, la conformaban Miguel Ángel Parramón Brigolat (magistrado), en torno al cual se encontraban el resto de los componentes; así, a su derecha estaban: Francisco Suárez Álamo (director de Canarias7) y el propio autor, Nicolás Guerra Aguiar, mientras que a su izquierda se localizaba Ricardo Lagares Pérez (abogado) y Antonio Cacereño Ibáñez (director de La Provincia – DLP). La obra está editada por Mercurio Editorial.
Acaso por la posición central que ocupaba, Miguel Ángel Parramón, ejerció de maestro de ceremonias. Agradece la presencia a quienes asistían en la tarde noche del viernes a la puesta de largo del texto de Nicolás Guerra. De tal modo que inicia el acto refiriéndose al autor, a quien agradece la invitación, como una persona con una “línea de pensamiento libre, progresista y crítico”. Con su breve intervención cede la palabra al autor, quien – desde el atril – se dirige a las personas allí presentes agradeciendo su asistencia, y hace lo propio con la dirección de la Biblioteca del Estado y quienes prestan sus servicios por la colaboración dispensada para que se pudiese celebrar el acto en que presentaba su libro.
Nicolás Guerra, comienza su intervención con la lectura de la cita – que figura en el propio libro en la página anterior a la dedicatoria – de quien fuese presidente de la I República Española, Nicolás Salmerón, donde entre otras cuestiones se refiere a la prensa libre, “que ni destruye instituciones ni causa revoluciones”. Finalizada la cita, procede a justificar los motivos de su estudio, en torno a la desaparecida revista, que culmina con la presentación del libro. Se refiere a Sansofé como un medio, en su época, equiparable a otros en la misma línea publicados en tierras peninsulares, entre otros, menciona: Cambio 16, Triunfo, Cuadernos para el diálogo, etc. Continúa refiriéndose a muchas de las personas que tuvieron un papel relevante en el semanario objeto de la publicación, entendiendo su trabajo como un homenaje a quienes trabajaron en Sansofé, sufriendo persecuciones de distinta naturaleza por dicho motivo. Tuvo palabras para el periodista, recientemente fallecido, José Rivero, a quien debe bastante de la información con la que contó para su estudio.
Avanza su intervención con referencias a los distintos contenidos que figuraron en el semanario durante los escasos tres años de su publicación, que según sus palabras: “se trataban con planteamiento revolucionario y convulsionaron a una sociedad anquilosada”. Con respecto a los expedientes administrativos abiertos en torno a la publicación, según informa, desaparecieron de Canarias. Para su confrontación y estudio, hubo de desplazarse hasta Alcalá de Henares, donde se encuentran. Tales artimañas no logran cerrar la revista, aunque sí la empresa que la edita.
A continuación se proyecta un documento gráfico donde se recorren las distintas portadas y algunos contenidos de Sansofé. Finalizado el mismo, toma la palabra Francisco Suárez Álamo quien tras referirse al autor de la publicación que se presentaba, del tiempo transcurrido desde que se conocieron, hasta alguna anécdota de índole humorístico. Hace hincapié, durante su intervención, a los censores de la época y a los distintos comportamientos que tuvieron. Asocia la situación de aquella época a la actual, donde se vislumbran conatos de censura, con el establecimiento de listas negras, por parte de la clase política y maniobras empresariales que buscan el ahogo económico de las empresas editoras de los medios, como se hiciera en su momento con Sansofé. Para finalizar se refiere al libro que se presentaba como “una historia de gente valiente que escribe alguien valiente”.
Se da paso a Ricardo Lagares, que a su profesión de abogado, une el hecho de haber sido alumno de Nicolás Guerra, cuando cursaba COU. En tal sentido, comenta el influjo que tuvo Nicolás Guerra sobre aquel grupo de alumnos. Al referirse a él, expresaba que les había transmitido rigor y curiosidad intelectual. Durante la preparación del libro, también pudo colaborar, por su condición de abogado, para buscar las órdenes ministeriales que dieron lugar a la retirada del registro a la empresa editora. En tal sentido, tras múltiples pesquisas, llegan a la conclusión que la referida orden no llegó a existir como tal, a pesar que surtiese el efecto correspondiente. Concluye refiriéndose al texto como de agradable lectura con un claro sentido del humor.
A continuación es el turno de Antonio Cacereño Ibáñez, que se detiene a valorar la figura del empresario que a pesar de las circunstancias del momento, tuvo el valor de emprender dicha labor editorial, por motivos puramente ideológicos, pues era un firme defensor de las libertades y de la democracia. En otro momento de su intervención, a modo de anécdota para ilustrar el interés de los promotores por integrarse en la sociedad de la época, cómo se produce la presentación del semanario a la sociedad canaria de la época, autoridades incluidas, en el Hotel Astoria, con el típico “vino español”.
Toma por último la palabra, quien fue moderando las distintas intervenciones, Miguel Ángel Parramón. Inicia su intervención solicitando la participación del público, por si alguien quería plantear algún tipo de preguntas. Como quiera que no se produjera actuación alguna, interviene él haciendo referencia a la importancia del libro que se presentaba, y mostrando su preocupación por los paralelismos que se vislumbran entre el pasado y la actualidad, en lo que a las libertades se refiere. Finaliza su intervención requiriendo la lectura, aunque reconoce su desviación profesional, y se aviene a sugerirla, por la importancia que tiene para el conocimiento de la situación de aquella época y la evitación de nuevos episodios en la actualidad.
En lo que a lo anecdótico del acto se refiere, hacer constar el lleno de la Sala Manuel Padorno, de la Biblioteca Pública, y que entre las personas presentes estaban algunas de las participantes en la revista, así como algunos políticos de la época en que estuvo editándose.






























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