En el Guiniguada (V)
Al lado mismo de la Casa de los Tres Picos, tenía su cuartel general Dolores Mengíbar, la cubana. Recaló por el lugar un día de Navidad y los lugareños, extasiados por su color trigueño (palabra que también me explicó mi hijo Juanito un día de noviembre por la tarde), no paraban de mirar y mirar hasta que comprendieron los servicios que prestaba. Me dijo Maestro Cipriano que esta mujer había sido la causa de la extraña muerte de Pedro Jacomar, su socio en el Almacén de Vegueta, al principio mismo del barrio de San José.
---Estuve preguntando aquí y allá y por lo visto la mujer ha desaparecido. Dicen que se mudó al sur, como si allá abajo hubiera gente. No lo entiendo, la verdad.
Estaba mi jefe un poquillo más recuperado ya que había logrado arreglar los papeles del negocio del Almacén y había gente interesada en montar eso que ahora llaman supermercado, que no es más que una tienda grande. Lo cierto es que el hombre andaba más tranquilo y, en cuanto llegaba don Adán del Vergel y Murphy, dejaba el cuero y las suelas y salían disparados a tomar un cortado. Creo que estamos recuperando el ambiente y la tranquilidad de antes, aunque la calle, para mí, cada vez está más ruidosa y mi hijo Juanito me explicó ayer por la noche lo de la contaminación acústica. ¡Qué cosas! Nunca había imaginado el poder del ruido para con las personas. Siempre había entendido que el mundo había sido tremendamente escandaloso, pero, ya ven, todo va teniendo otra interpretación más profunda. Parece que el egoísmo urbano va ganando adeptos (palabra que también me explicó mi chiquillo).
Pero yo lo que les quería decir era lo de don Pedro Jacomar. Como se hizo tan asiduo de la cubana, logró poner nervioso a su cuidador (hay por ahí otra palabreja pero no logro recordarla) y, en una noche de rones, se agarraron en el barranco, con toda las desventajas para don Pedro por la juventud del otro, que, encendido de ira, hizo lo que hizo y se le fue la mano y la mala leche. Eso dijo la policía a mi jefe, que dio el asunto casi por zanjado pues le entraron enormes prisas para quitarse de arriba el Almacén:
---Con la zapatería tengo bastante. Tengo una familia larga y no me voy a meter en camisas de once varas. Yo sé de zapatos y los voy a seguir arreglando--- me dijo una noche cuando estábamos a punto de cerrar.
---Es lo más sensato, Maestro Cipriano. Lo más sensato.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27