Manzanas
Las manzanas podridas de la corrupción que nos invade (otro “rayo que no cesa”) tienen la desfachatez de negar las evidencias y de comportarse “sin escrúpulos” en sus actuaciones públicas: “la finca es mía y solo mía por tradición, casta y herencia”.
Algunas de esas manzanas derivaron en “ranas”, sin contar a la Rana Madre. Luego, los renacuajos mentirosos se plegaron ante el desastre. Eso se llama miedo. Y, sobre todo, se hincan de hinojos para no perder el puesto de trabajo. En eso se ha convertido la política: ejercer una labor con derecho a latrocinio: dilapidar el dinero público. Esta “nueva clase social” pretende dar la sensación de trabajo y honestidad. Aparentar lo que no es mientras roba los derechos laborales de las personas. A mí, y a muchos como yo que no nos chupamos el dedo, no lograrán engañarnos.




























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