Más de mil preguntas sin una sola respuesta

Opinion

juanantoniosanchez4189Alegaciones absurdas en las que algunos miembros del apolítica internacional muestran su escepticismo a que el hombre sea el inductor del cambio climático en el mundo es sin duda, una idiotez más de los que son puestos en lugares de privilegio por el mero hecho de acatar órdenes venidas de quién les puso en semejante cargo. En EEUU resulta que el ser humano es inocente de todo lo que ocurre con el problema ambiental, que la causa de la polución del aire viene de alguna galaxia de esas que tanto aciertan a descubrir los científicos y que el sol calienta más en los polos porque se han dejado el calefactor puesto los osos en Alaska, por decir algo grotesco en lugar de usar la pura ironía para referirme al elenco de personajes elegidos por su Presidente. Hay que ver lo que nos quieren hacer creer las gentes de la política, los mandatarios populistas cargados de suficiencia y los que manejan la llave de la paz en un maletín que duerme siempre a su vera.

En nuestro país, desde otra perspectiva, tampoco nos libramos de los problemas causados por la clase política, por diferentes posiciones nos roban los caudales públicos, hay niveles políticos, sindicales o privados, de derecha, izquierda, apolítico, católico, independentista, nacionalista o plural, en activo o pasado por el filtro del tiempo, de la parte noble, hidalga, humilde o plebeya, con tarjeta o en efectivo, todo ello sin contrato y con la palabra de quién encima se valora como un señor que merece confianza; no quisiera dejarme en el ostracismo de la más innata culpabilidad a los que se las dan de aconfesionales y aclasistas pero por el contrario, arrebañan hasta el último céntimo que se les ponga por delante acordándose tan sólo de Santa Barbará cuando truena y les cogen con las manos en el billete. Lo triste es que al contrario que los osos de Alaska que dejan el calefactor encendido para calentar sus plantas, los responsables de los robos desenmascarados se visten con trajes de marca, portan bolsos de calidad en los que esconder sus patrañas, abrigándose con telas caras para no resfriarse, se ponen guantes de piel para calentar sus dedos y no se tapan la cara con la bufanda de la vergüenza porque de eso no tienen dado su elevado ranking en la élite adinerada.

Y es que en España, ¿Qué puede extrañarnos ya de las cosas de la política desde que la crisis vino a golpearnos? Nos hemos convertido en una sociedad conformista, devaluada en compromiso y adicta a un sueldo indigno con el que sobrevivir al ataque del capitalismo. La fuerza que nos otorgó la entrada en vigor de la Constitución allá por 1978, el clamor popular que lideró la libertad democrática y los valores de la sociedad que comenzaba a servirse de estas herramientas para progresar en conocimiento, se ha desvanecido entre los céntimos de una ayuda por desempleo mezquina o el acatamiento de los pensionistas a ver su poder adquisitivo disminuir notablemente. Es tal el desacierto político reinante en el Congreso que a nadie extraña que no se avance nada en aspectos decisivos para un reafirma miento del empleo y una salida del receso en la economía familiar; los lanzamientos hipotecarios parecen haberse calmado, ya han sufrido demasiado las clases más desfavorecidas que ahora están en la calle o en pisos de bajo costo, no gratuitos, en los que han sido alojadas. Viviendas estas que en muchas ocasiones han sido concedidas a grupos de inmigrantes que hacen y deshacen a su antojo vendiendo y comprando habitaciones o transacciones mediante contratos escritos en servilletas de bar; pero no son el colectivo de extranjeros desamparados, también ocurre con colectivos diferentes de ciudadanos autóctonos que manejan mafias organizadas, personas que se valen de los más pequeños para dar una patada a la puerta de cualquier vivienda desalojada por motivos personales perteneciente a un ciudadano honesto y dejando inexplicablemente los inmuebles propiedad de fondos buitres o entidades bancarias ajenos a estos actos de ocupación ilegal.

Las leyes son un poco extrañas, manifiestan ser justas aunque muchas veces fallan, los pronósticos desquician a los propietarios y la burocracia se encarga de hacer el resto hasta pasado un largo periplo de penurias administrativas poder hacerse con el uso de su vivienda. Todo esto no se deriva exclusivamente del índice de desempleo, el aumento de casos de delincuencia provocados por personas de calañas diversas, protagonizado por individuos de oscuro pasado, peor presente y futuro al lado de un centro penitenciario, sean o no extranjeros, se alejan en motivos de aquellos que se encuentran en la calle angustiados ante la vida, esperando que les de otra oportunidad y les haga reconducir sus familias en un hogar al que nuestra Constitución alude como derecho fundamental. Por el contrario los hay que se benefician en la libertad de sus actos y la mala fe de sus acciones ¿Cómo es posible que alguien que apuñala a una persona indefensa para hacerse con su teléfono móvil o unas monedas en el bolsillo se encuentre en la calle antes de que el herido haya salido del centro hospitalario? ¿Qué adolescente puede ir tranquilo en el metro sin ver la mirada lasciva de un asqueroso individuo frotándose los genitales? ¿Cómo proteger a nuestros hijos del acoso escolar dentro y fuera de los centros de enseñanza? ¿Porque no se busca de una vez por todas solución a la violencia de género a pesar de que la afectada no practique denuncia alguna tras ser agredida? ¿No es mejor secar la frente del sudor del trabajo en pos de una sociedad más justa y solidaria, más comprometida y cívica que el rostro inundado de lágrimas? Pues todo esto se resume en educación, en una tarea practicada desde el comienzo en el cual un nuevo miembro de la sociedad comienza a construir su personalidad en las aulas, donde entra en convivencia con otros individuos e interactúan a diario; es el primer escalón a superar para que los medios resulten provechosos de visualizar en un futuro próximo.

No olvidemos que al igual que los osos, comenzamos a ser peligrosamente vulnerables de considerarnos seres en extinción, aunque en nuestro caso, seamos nosotros mismos los que estamos ayudando a esa destrucción y no los pobres plantígrados que solo quieren sobrevivir dignamente. Tanta es la desidia para con la saludable supervivencia del aire en los pulmones que hay quienes por el mero hecho de defender otro color de partido o una ideología diferente, se dan con los tubos de escape en las narices antes de ver con buenos ojos que traten de proteger la respiración de sus congéneres; patética aptitud la del que no ve más allá de sus propios intereses.

Ante semejante profusión de incongruencias de la actualidad social me intriga la manera de actuar de algunos dirigentes ya asentados en el Congreso, algún inconveniente deberían de tener las definiciones o jeroglíficos inventados con los que despreciar la política de casta cuando ahora están integrados en ella; lo que no parece consecuente es utilizar a Matrix, esa especie de héroe o ser social extraño para muchos y que otros ni siquiera conocen de nada para utilizarlo como inspiración en favor de quien resulte más adecuado. Y es que hay formaciones políticas que parecen estar diseñadas para gobernar a personas de su misma influencia cinematográfica, sus gustos musicales o su cadencia filosófica aplicada a las nuevas tecnologías y se olvidan de algo importante, Paco Martínez Soria aun está en la retina de los abuelos, Sancho Gracia fue Curro Jiménez en la época de sus padres y a veces, tan sólo a veces, algún que otro se ha atrevido a tragarse los ejercicios fantásticos de Harry Potter o las peleas a brazo partido de Juego de Tronos. Gobernar para todas y todos es hacer buen uso de la política, intentar hacerlo por narcisismo sobre algunos colectivos poco insertos en la dinámica de las redes es desabastecer posibilidades de electores que son escépticos a esas formulas digamos novedosas, pero que al fin y al cabo siguen siendo tramas de otro color diferente u otra clase de formato para enredar al votante y no ver que siempre es lo mismo, pero vestido de diferente trama, más o menos sedosa.

Está claro que en la sociedad actual, en la que la información no siempre brilla por dejar en un lugar privilegiado el conocimiento, ni siquiera donde más se le presume, todo se presupone o analiza por números que se dicen consistentes; de ahí la importancia de la educación y el aprendizaje; inmersos en un desenfrenado avance hacía un futuro desconocido creemos que dejar en la más absoluta obsolescencia a ciertas tareas laborales es avanzar sin remedio en la desaparición de las mismas, menospreciando la formación de quienes aún tienen una más que prolongada actividad laboral derivada de su edad lejana para la jubilación, máxime cuando la nueva perspectiva de los gobiernos es trasladar a una edad más longeva la vida del trabajador. Resulta por tanto inapropiado sacar a la luz versiones desfavorecedoras y cargadas de pesimismo social con la única intención tal vez de versar sobre las estadísticas elaboradas por colectivos que buscan crear ansiedad o variar el rumbo de la enseñanza, cambios en la manera de educar a las nuevas generaciones, aunque por otro lado recurrente y necesario en el avance de la sociedad pero tratado con prudencia, positivismo y cuidado con esmero.


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