Andan los días grises de los últimos tiempos sembrando dudas y desanimando la existencia. Claro que en ocasiones se rompen para dejar ver el azul. Si a ello añadimos algún mágico elemento de la Naturaleza, aunque no se perciba del todo, viene a resultar que la vida continúa.
Me los imagino informados, improbables lectores, de sentencias judiciales varias y de la algarabía originada en el carnaval grancanario. Ahora, ya están ahí, las interpretaciones, y las adulaciones también, darán otra vuelta de tuerca para, al final, provocar el cansancio y el hastío. Tengo para mí que el desprestigio de la Justicia retrocede a épocas pasadas, que siguen presentes, al mismo tiempo que “con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”: el espectáculo total. Nos encontramos donde siempre: retrocediendo en el tiempo para que todo siga igual: los de arriba roban y no pasa nada; los políticos no solo incumplen sus promesas sino que ya tenemos asimilado y asumido que mienten por naturaleza política; la Iglesia se envalentona; la revolución liberal conservadora sigue triunfando y, mientras tanto, la autocensura regresa para recordarnos que la ley Fraga sigue vigente.
Por no hablar de manipulaciones y del poder económico. Pero eso ya lo saben ustedes, inteligentes lectores. Una cosa: antes, cuando se rezaba enérgicamente en este país, una de las máximas era la de “Dios nos libre de la Justicia”.
Pues eso. Que el año que viene, durante la fase de selección de las “reinonas” habrá censura. Al tiempo.































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