Lo mínimo que tenía que haber hecho el Consistorio galdense era informar de que la exposición se había suspendido y así evitar molestias innecesarias a los ciudadanos que querían visitarla. Sin embargo, en vez de informar se ha optado por el silencio municipal, lo que tampoco es nada extraño, ya que es sabido que se informa de lo que conviene y cuando conviene, y de lo que no, se cierra la boca como si la cosa no fuera con ellos.






























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