Disposición de máquinas destructoras de muros sociales y culturales
Demasiado a menudo nos pasa desapercibido el engranaje que cura las enfermedades del mundo, la cultura, la única capaz de servir a la sociedades más débiles y hacer entrar en razón a las favorecidas y cuyas piezas esenciales, los libros, deben ser tratados con el cuidado y mesura suficiente para inyectar conocimiento allá dónde se le precise y formación para la investigación de nuevas formulas de supervivencia de la paz en el mundo y el manejo fructífero de los bienes materiales. Luchar contra la ignorancia es hacerlo contra el hambre, solo con la llegada de la cultura a todos los rincones de la faz de la Tierra lograremos sofocar el daño que estamos ocasionando a los indefensos, los pobres, la naturaleza, la flora y fauna; es decir, todo ser o materia viva, que milagrosamente sobreviven por casualidad tras el paso de un ciclón llamado ser humano.
Nos olvidamos pronto de la gran aportación que las diferentes culturas han traído al continente europeo, nos dejamos influenciar por aquellos a los que la llegada de otras nacionalidades temen serle peligroso para el progreso de la que son integrantes y no tenemos en cuenta que sin la emigración, la inmigración o el avance de las sociedades, la globalización y el pluralismo al que el avance nos dirige, estará muy alejado de la idoneidad en la interacción social y cultural que necesitaremos en un futuro no demasiado lejano.
Ante la avalancha de proteccionismo que la potencia americana quiere poner como pantalla dentro de una política encaminada a perseguir un lugar en el mundo al que se cree con derecho, el afán del nuevo presidente Trump pasa por desquiciar al más respetuoso y hacer coincidir a las diplomacias menos plegadas a sus deseos a entonar un grito de desaprobación a su malsana conducta; una estrategia con la que posiblemente, pretenda esconder tras la violencia de los discursos y sus amenazantes alegatos de expulsión la debilidad de sus conocimientos como mandatario de una nación demasiado potente para dejarla en sus manos.
Ya no son los amantes de la música, los emprendedores de nuevas conquistas empresariales o el posicionamiento tomado por afamados Premios Nobel los que vienen a sumarse a la larga lista de personas que no comprenden la estrategia del líder estadounidense y confirman el ideal de avanzar hacia una paz en el mundo que consiste en el reafirma miento de las culturas y el objetivo de acabar con las guerras. Los muros son escollos indeseables del ser humano, pretender ser autosuficiente y no tener que depender para nada del vecino es reincidir en el papel de negociante de la soberbia; algo de lo que deberá darse cuenta antes que después el Sr. Donald Trump si quiere mantener los pactos y el diálogo con el continente europeo, a no ser que esté, en manos de algún descafeinado presidente, le otorgue su vasallaje sin contar con la ciudadanía europea que se siente harta de las constantes incitaciones al odio venidas de la clase política que al fin y al cabo es la élite financiera, según cargos puestos a conciencia por este extraño ganador de las elecciones en EEUU.
Liberalizar la cultura es traer progreso al mundo, dejar vía libre al conocimiento de mentes privilegiadas sin discriminación de razas es dosificar la vida que le queda al Planeta; fomentar la formación que logre crear interacción entre las sociedades y los gobiernos es construir una esperanza alejada de lo que ahora es un sueño; despreciar las costumbres, culturas y valores de sociedades indefensas es contribuir a la pobreza de la mente, al debilitamiento de la especie humana y el rebrote de la violencia en el mundo originado por la ignorancia.





























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