Mira, Luna: llevas unos días que desde las seis de la tarde se nota tu presencia: no hay más que elevar la vista de vez en cuando y ver cómo comienzas a brillar cuando las sombras se van adueñando de la ciudad fría y casi desierta.
Y el otro día, cuando la foto, parecías encender antes de tiempo las farolas, como transmitiendo energía. Es tu presencia cálida y sosegada, y sempiternamente blanca. Eres la síntesis de todos los colores y de todas las pasiones que desde allá arriba divisas cada día. Si tú hablaras, Luna, quizás este mundo sería mejor. Pero no están los tiempos actuales para la Lírica ni para saludar al vecino con tranquilidad y respeto. Respeto: eso es lo que estamos dejando en la cuneta del camino; y nadie parece querer rescatarlo; aunque en este caso ni siquiera necesitemos la Ley de la Memoria Histórica; solo necesitamos Memoria (a secas, sin adjetivos) para enderezar el rumbo de este mundo que ha entrado en una etapa de mediocridad inmensa que parece no tener fin.
Mira, Luna: procura traer sosiego a este mundo asirocado y violento. Si lo pudieras lograr, Luna, si lo pudieras alcanzar...































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