Se cuenta que una política en plena ebullición de su figura mediática, y de cuyo nombre no quiero acordarme, al ser preguntada qué opinaba de Saramago contestó “que no había leído nada de esa señora”. Su “falta de ignorancia”, que diría Piedra Pómez, le sirvió para vadear la situación.
Sin embargo, creo adivinar que somos muchos los que sí lo conocemos. Y ahora que José Saramago no está, su casa de Lanzarote se ha llenado de recuerdos y de instantes que hablan de una vida. La imagen ofrece un rincón del lugar donde escribía. Imágenes de una existencia que podemos sondear en sus novelas. O que al menos queremos imaginar. Por eso la casa de Lanzarote de José Saramago es más que un museo.
¡¡Es una casa viva y vivida!!
Lo que quiere decir que el escritor sigue vivo.






























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