Mástil
Mástil se escribe con M de Ministro y con S de Soberbia.
Es lo que algunos políticos han llevado a cabo con desparpajo y sin escrúpulos. No sé si saben los representantes públicos que no se puede escupir para arriba y que la lluvia siempre cae hacia abajo. Debe ser que cuando ostentan el poder, la erótica los domina y, entonces, se creen irresistibles y eternos. La vida da muchas vueltas, pero ellos, anclados en su pedestal, creen que el poder dura siempre. Y mientras que algunos aportan su grano de arena para el bien común, otros dejan una estela inversa que se eleva hacia el cielo. Como el mástil de la Avenida Marítima: largo y vacío, y que costó una pasta al erario público. Ahí está: erguido y desafiante; acaso como su promotor. Es ese mástil vacío el representante fiel de la vanidad y personifica una conducta que debería estar erradicada de la gestión pública.
Sin embargo, todavía han de pasar muchos años para que la cordura y la decencia vayan de la mano.
No sé si me explico.






























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