Lamentablemente, esa insana constumbre de pintar espacios públicos porque da la gana va a más por esta comarca norteña, y pruebas de ello hay de sobra. Estamos ante auténticas ganberradas y atentados contra nuestro patrimonio cultural y medioambiental y luego toca gastar dinero público para limpiar la mala gracia de unos pocos. Pasa con mucha frecuencia y ya está bien de que esto pase.






























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