La gente que se asoma
La gente que se asoma en la Avenida Marítima un domingo por la mañana no solo siente que la ciudad es suya, sino que, además de vivir mirando al mar, reclama, acaso sin percatarse de ello, un espacio para el paseo matutino, al mismo tiempo que contempla cómo la bahía luce espléndida; a pesar del constante e insoportable tráfico que, a sus espaldas, no cesa.
Es la capital de la isla todo un acontecimiento. En cuanto luce el buen tiempo, en este noviembre cálido, la gente se ensancha en el frente marítimo. Reivindica que el espacio sea mayor y que la contaminación acústica desaparezca. En los días festivos, el ruido de la capital disminuye sensiblemente y nos sentimos menos ariscos con el vecino. Parece que podemos hablar más y más bajo. Por eso la gente sale a la calle: a disfrutar de un espacio que le pertenece. Ahora se habla de soterrar la Avenida Marítima; imaginar todo ese espacio para el disfrute de los ciudadanos sería un milagro. Sí, un milagro soñado.
Es lo que tiene el domingo mañanero: que podemos soñar al mismo tiempo que nos sentimos despiertos saludando a los conocidos y amigos. Todo un lujo.






























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