
Antes de que llegaran los invernaderos, ya estaban las palmeras coronando el lugar.
Nunca pensaron que se iban a convertir en unas palmeras sobresalientes. O menos aún: que iban a tener un segundo suelo, un suelo de plástico en el que seguir creciendo. Está bien que el progreso las haya conservado. Esta segunda vida de las palmeras les infunde el valor de su grata presencia y hace que el viajero se detenga, mire y fotografíe una imagen para regalar. Destacan siempre: no importa cómo esté el día. Gozan de la capacidad de adaptarse a la luz y a las sombras de la mañana; y también al tibio sol de la tarde.
Son versátiles estas palmeras sobresalientes.





























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