José Saramago, en su etapa lanzaroteña, escribió en la mesa que ofrece la imagen.
Aquí imaginó sus novelas últimas. Poder conocer ciertas intimidades del Nobel no solo resulta agradable, sino que nos acerca aún más al autor que nos ha regalado un puñado de palabras que sirven para reflexionar y llenar las horas de ocio. Leer en estos tiempos asirocados se está convirtiendo en toda una hazaña. La rapidez con que suceden los acontecimientos y la premura de internet nos conducen al picoteo de la lectura. Y si para algo necesitamos tiempo, tranquilidad y lentitud es para poder leer. Justo lo que no quiere este capitalismo liberal tan lleno de instantaneidad.
Lo que en verdad quería proponerles es que no dejen de leer. Así se sentirán más libres.




























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