Si de verdad hay ganas políticas para que la bandera representativa de esta comunidad sea la de las siete estrellas verdes, no se tarda nada en conseguirlo, porque consenso parlamentario, mayoritario, que no absoluto, lo hay. Los trámites son los que son y todos los conocen, por lo que esos golpes de pecho están de más, sobre todo, porque tiempo suficiente y de sobra han tenido para arreglar una cuestión, que se podía haber arreglado si de verdad se cree en lo que se dice creer y no en el oportunismo mediático de convertir una enseña sentida por el pueblo canario como suya, en una artimaña política de unos mediocres que no sabemos a quien quieren engañar.






























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