Ha sido un largo viaje el que han realizado las hermanas Raquel y Ana Aguiar. Un viaje lleno de emoción ya que había que cumplir una promesa, y lleno también de incertidumbre, puesto que este largo recorrido es además una búsqueda, la de las raíces familiares.
Con el corazón palpitante, con emociones cruzadas, han viajado de México a Gáldar, el trayecto inverso al que hace muchos años, realizaron el bisabuelo Matías Aguiar Miranda, y el abuelo Matías Aguiar Rosas.
Los dos partieron desde el puerto de Sardina en la Guerra Civil española, y durante cuatro meses afrontaron una dura travesía, hasta llegar a la costa mejicana de Campeche, y desde allí a la península de Yucatán, a la ciudad de Tizimín, donde se establecieron.
Trabajaron duro, Matías hijo desde los nueve año, hasta consolidar una posición económica, abriendo un gran comercio llamado la Gran Canaria, ya que nunca olvidaron la tierra natal.
Sonaban a fantasía los recuerdos que compartían del pueblo en el que nacieron, pero las nuevas generaciones no tardaron en darse cuenta de que decían la verdad, que el bisabuelo y el abuelo formaban parte de esa generación de extraterrados isleños, que tuvieron que hacerse a la mar con la esperanza de una nueva vida.
El padre de Raquel y Ana, Enrique Aguiar Pérez, siempre tuvo la ilusión de conocer la tierra de sus mayores, pero por distintas circunstancias no pudo realizar ese sueño. Falleció hace tres años, y sus hijas hicieron entonces una promesa, que descansaría en Gáldar.
Cumplieron con esta promesa, ya que parte de las cenizas de Enrique Aguiar, descansan desde hace unos días en el templo de Santiago. Tocaba ahora cumplir con la búsqueda de las raíces familiares, una ardua tarea que emprendieron hace unos años a través de las redes sociales, sin frutos.
Cuando ya pensaban que tendrían que iniciar el regreso sin resultados en su búsqueda, sentadas en una cafetería del casco galdense, se encontraron con Javier Quesada, a quien contaron su historia. Así, sin esperarlo, por una simple charla mañanera, encontraron por fin la pista de sus raíces familiares, ya que consiguieron contactar con Nicolás Guerra Aguiar, quien recordaba que su abuelo, Juan Aguiar, hablaba de unos parientes que estaban en México.
Por si fuera poco, el párroco Manuel Reyes, les consiguió una copia del certificado de bautizo del bisabuelo Matías Aguiar Miranda, y Nicolás Guerra tuvo la gentileza de trasladarse a Gáldar, para reunirse con ellas.
En estos días no han parado de contactar con la familia al otro lado del charco, informándoles puntualmente de cada avance, compartiendo desde la distancia, la alegría de encontrar después de tantos años, las raíces familiares.
Les brilla la mirada cuando aseguran que en esta tierra isleña se han sentido como en casa, y están muy agradecidas por la amabilidad y la generosidad que han encontrado en el que consideran su pueblo.
En unos días regresarán al hogar mexicano, y ese viaje de regreso lo harán con otra promesa, el de volver, esta vez con toda la familia, a Gáldar.



























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