Andan las palomas de la Plaza de Santa Ana esperando a que la gente salga de misa. Y saben, las muy palomas, que, como es domingo, la generosidad de los parroquianos se materializará en comida rápida y fácil. Por eso están ahí aguardando, con la paciencia clamorosa de las aves sabedoras de que no hay que hacer mucho esfuerzo para procurarse alimentos. Y reconocen que es el festivo día porque las campanas, además de frecuentes, vienen acompañadas del bullicio infantil que inunda el entorno y del ritmo alegre del sol de otoño. Aún es un sol pegajoso, ciertamente, pero no para las palomas, que, cuando están todas juntas, son unas cagonas de campeonato. Sin embargo, así, de lejos, hasta resultan entrañables.




























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