La realidad que sufren los Mayores
Basta vivir un poco con los ojos abiertos a la realidad social, en general, el mundo de la discriminación que es mucho más amplio de lo que a simple vista solemos darnos cuenta. Unas veces están más a la vista y otras revisten formas sutíles o incluso se ven obligados a permanecer en una cierta clandestinidad.
He de decir que las personas mayores han sido históricamente uno de los grupos o colectivos de población más vulnerables a la perdida de salud y a la pobreza, además de constituir el grupo de población marginada y excluída más numeroso, pese a los avances de una mejora de años vividos y en condiciones de vida, aún no se ha erradicado ni la vulnerabilidad ni la experiencia de la exclusión social. Es más, se ha producido una invisibilización de sus condiciones de vida y de sus problemáticas.
No deja de tener importancia también la imagen que se tiene de las personas mayores, son percibidas más como receptoras de ayuda, cuidados y apoyo económico, que como cuidadoras de otras personas y donantes de su tiempo, energía, conocimientos, apoyos efectivos, materiales y económicos a la familia y a la sociedad.
Hoy sigue siendo constatable la precariedad social que se detecta en los recursos económicos disponibles y en las condiciones de vida que las personas mayores tienen para llegar a fin de mes, dificultades pues para ahorrar. El nivel económico ha empeorado tras su jubilación, los hogares de ellos se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, la situación se agrava cuando con limitadas pensiones y con cargo de hijos, ya sea por sufrir algún problema de salud física o mental, del que no tiene trabajo o si lo tiene precario, e incluso del que vuelve al domicilio materno por no tener otra opción tras un proceso de separación o desahucio.
También un riesgo de vulnerabilidad y marginación importante es la soledad en los mayores, es una realidad que viene favorecida por diferentes factores, como la retirada del ámbito laboral y, con ello, el debilitamiento e incluso desaparición de las relaciones sociales y de diversas formas de participación en la vida.
La viudedad suele ser el principal desencadenante del sentimiento de soledad, dando paso a problemas de adaptación emocional, gestión de tiempo, tareas domésticas y como no, a problemas económicos y materiales en el caso de las viudas.
Por último nos olvidamos de los hogares que envejecen al igual que sus moradores y que no resulta fácil adecuarlos a las nuevas necesidades, ya que una vivienda inadecuada en sí misma, es un factor desencadenante de lesiones, dificultades de desenvolvimiento de las relaciones sociales, y además, puede ser el principal motivo de ingreso en un centro residencial.
Estos temas son los que de verdad nos importan, asuntos reales que vivimos muy de cerca. Temas que nos interesan a todos. Cuestiones que nos preocupan.



























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