El próximo dos de octubre, a las seis y media de la tarde, el que entonces ya será sacerdote, Aday García Jiménez, oficiará la misa en la parroquia en la que creció, que ha marcado su infancia y juventud, y que no es otra que la iglesia de Nuestra Señora de Fátima de La Montaña de Gáldar.
Refugiándonos de la calurosa mañana, en el recogimiento del templo, sentados en un banco cerca del Altar, hablamos con el joven Diácono, recordado vivencias, vislumbrando proyectos de futuro, y compartiendo confidencias del temor de no estar aa la altura del mandamiento sacerdotal que impregna su corazón.
Ha sido un largo camino de preparación el recorrido, desde aquel 25 de octubre, cuando con 19 años de edad, el Rector del Seminario que oficiaba misa en La Montaña, le lanzó una pregunta que cambió todo, ¿ Aday, que piensas hacer con tu vida?. En aquel momento, se estaba preparando las cinco asignaturas que tenía pendientes de segundo de Bachillerato, pero no tardó nada en aceptar la invitación para que los acompañara en las caminatas que realizaba el Seminario. Fue como si Dios pusiera al Rector en su camino, ya que cuando llegó a casa y soltó su decisión, recibió el amor del apoyo familiar y luego el de sus amigos, que nunca cuestionaron su decisión.
Ahí comenzó un camino, en el que a ratos llegó la oscuridad, pero en el que siempre se ha sentido acompañado por el Señor, y con cada paso, superando las dudas que surgían, fue fortaleciendo su Fé, ya que no es algo estático, muerto, sino que es vida.
Como cualquier joven que inicia su formación superior, pensar en los cinco años que le quedaban por delante, se le hizo cuesta arriba, lo que no quita para que reconozca, con algo de travesura en la mirada, que en su primer año en el Seminario se rió todo lo que quiso y más.
A sus 26 años ha crecido emocionalmente, y ha aprendido a mirar el mundo con el amor al prójimo que nace de su fe. Sabe que la vida que le espera no será fácil, que habrá mucha incomprensión, que habrá que superar más de un obstáculo, pero está convencido de que su elección es la correcta, y que los sinsabores merecerán la pena, porque también tendrá muchas alegrías.
Quedan apenas dos meses para ese día tan esperado por Aday y por La Montaña entera. Está preparando meticulosamente el oficio religioso, y se emociona cuando cuenta que en la parte de acción de gracias, se le viene a la mente el recuerdo de tanta gente, que tiene que levantarse del ordenador porque las lágrimas le impiden seguir trabajando.
Aquella iglesia cercana a la juventud está grabada con inmenso cariño en la memoria de Aday. Esa iglesia de La Montaña que es parte esencial de su vida, ha cambiado mucho externamente, pero conserva intacta la semilla que entre otros sacerdotes, sembró el desaparecido Pedro Monzón, siempre vivo en el corazón de Aday.
Y en ese gran corazón, anida la devoción a María, nacida de esa sencilla y humilde imagen de Nuestra Señora de Fátima. Y en ese mismo corazón, hay un deseo, el de ayuda a la gente como sacerdote, consolando y animando con palabras que no sean vacías.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4