Son estas noches con siroco, las que te hacen palpar el sentimiento de desazón. El calor sin sentido recorre todo tu cuerpo, la desnudez se te antoja como importante, los sentidos están a flor de piel y, la aparición de los fluidos no vienen aparejados de estimulación. La meteorología te juega una mala pasada. Te confunde y te pone a prueba. Reconoces que todos los síntomas del calor no responden a la idea de excitación. ¡Qué tiempo perdido! Desde mañana buscaré los efectos de la meteorología en ti, para poner mi cuerpo y mi alma en el lugar que le corresponde. Porque si en tu cuerpo llueve, me pongo el chubasquero, si en tu cuerpo hay borrasca, mi antebrazo te arropa. Si hay truenos y relámpagos, clavaré mi pica en el suelo a modo de llevar la electricidad a la tierra. Si aparece neblina, soplaré en tus ojos para que veas el brillo de la vida. El sol radiante implicará lo bello de tu cercanía. Pero, pero si hace mucho calor, tan sólo te puedo ofrecer mi paraguas que te impida tener quemaduras de amor y granizada que refresquen tu memoria.
En estas noches de calima, el tiempo no pasa y el reloj se va de vacaciones. Sólo la única idea presente deambula por mi cabeza, que mañana cambie el tiempo y poder consultar el mapa de isobaras en tu cuerpo para saber cuál es la predicción de futuro.




























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