Las oraciones subordinadas adverbiales de tiempo tienen tal poder de sugerencia y atracción que ningún escritor se resiste a dejarlas en el tintero. Es tal su fuerza que es capaz de trasladar la imaginación, en apenas unas palabras, a un mundo de tiempos venideros donde los personajes adquieren vida plena: que transcurre, que fluye; en un espacio adecuado al motivo de la idea.
La atmósfera y el ambiente, por otra parte, se sitúan en lugar preeminente a la vez que el delicado tiempo se disuelve en la imagen mostrada.



























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