Microrrelato. "Agua de toronjil"

Quico Espino Lunes, 15 de Febrero de 2016 Tiempo de lectura:

quicoespino2016Las enfermeras estaban encantadas con el paciente de la 302. Daba gusto trabajar con gente como él que, a pesar de su avanzada edad y de su grave afección estomacal, tenia un sentido del humor envidiable. Se reía de sí mismo y convertía sus desgracias en una comedia.

-La parodia. La parodia –repetía con frecuencia–. La parodia es necesaria para espantar los dramas.

Aunque le producía cierta nostalgia, le gustaba recordar sus fracasos amorosos. Se enamoró cinco veces y en ninguno de los casos fue correspondido. Entró en un ciclo de prendarse de una para olvidar a otra, un círculo vicioso que aún le hacía sentir ligeros mareos.

-Es que ninguna supo encontrar mis encantos, el tesoro que tengo escondido –dijo él, no sin picardía, y las enfermeras se rieron a carcajadas. Luego lo miraron con ternura.

En el umbral del sueño, el paciente pensó en las manos de la enfermera que le suministró las pastillas para el dolor, para dormir y olvidar la realidad durante unas horas, y, de pronto, evocando su pasado más remoto, vio y sintió las manos de la curandera que le miraba la barriga, lo santiguaba y lo curaba con agua de toronjil. Y de inmediato se durmió.

Aquella noche soñó que nada le afectaba. Ni las dolencias de su cuerpo ni las penas del alma.


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