Imaginar Madrid y Triana
Al caminar por las calles de Madrid imagino que me voy a encontrar con Galdós. Siento que los personajes de sus novelas se me hacen presentes y un mundo distinto, el de él, renace ante mis ojos. Y en cualquier esquina de sus viejas calles tengo la vana ilusión de que me voy a tropezar con Fortunata o con don Ramón Villaamil, o con una algarabía de chiquillos gritando ¡Miau!
En cambio, cuando paseo por Triana tengo casi la certeza de que mi tía Ana, Anita Gil, está esperándome en uno de sus bancos preferidos. Y, así, los lugares simbolizan a las personas que hemos querido, y queremos aún, y a las que admiramos. Madrid y Triana, imaginación y recuerdo, tan distantes y distintas, nos ofrecen un tronco común, un hilo de esperanza en este invierno de agosto: el deseo de que algo maravilloso suceda. Como anhelaba Antonio Machado.
Y, efectivamente, así ha sido: ese milagro es el recuerdo y la facultad de imaginar.





























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